La independencia de Escocia sigue siendo una incógnita a un año del referéndum

  • Las encuestas arrojan resultados contradictorios a tan solo un año de la consulta.
  • Los políticos han elevado el tono de su discurso para captar a los indecisos.
  • Ofrecen pocos detalles sobre qué ocurriría pero los independentistas crecen.
El primer ministro británico, David Cameron durante su reunión en octubre con el ministro principal de Escocia, el nacionalista Alex Salmond, y Nicola Sturgeon (dcha), en la llamada casa de St. Andrews, sede del Gobierno autónomo escocés, donde se firmó el Acuerdo de Edimburgo.
El primer ministro británico, David Cameron durante su reunión en octubre con el ministro principal de Escocia, el nacionalista Alex Salmond, y Nicola Sturgeon (dcha), en la llamada casa de St. Andrews, sede del Gobierno autónomo escocés, donde se firmó el Acuerdo de Edimburgo.
Gordon Terris / EFE

A un año del referéndum, la independencia de Escocia continúa hoy siendo un interrogante, entre encuestas que arrojan resultados contradictorios y la clase política enfrentada por un asunto que determinará el futuro del Reino Unido.

Tanto los defensores del "sí", encabezados por el gobernante Partido Nacionalista Escocés (SNP) de Alex Salmond, como los del "no", con el ministro británico para Escocia, Michael Moore, a la cabeza, han elevado el tono de su discurso para intentar captar al amplio núcleo de indecisos cuyo voto será crucial en el plebiscito del 18 de septiembre de 2014.

La mayoría de las encuestas dan la victoria a los "unionistas" —partidarios de permanecer en el Reino Unido—, con un apoyo de solo entre el 25 y el 37% a la independencia, pero un reciente sondeo encargado por el Gobierno escocés indicó que, entre los votantes que saben con certeza que participarán en la consulta, un 44% elegirá la secesión, frente a un 43% que votará en contra.

El director de la campaña Better Together (Mejor juntos), Blair McDougall, reconoce que "la autocomplacencia" puede ser un problema para los defensores del statu quo.

"Cada vez que hay una encuesta decimos lo mismo: lo que la gente vote o no vote el día del referéndum es lo que al final valdrá. Si (los unionistas) se quedan en casa y el resto sale a votar, pueden encontrarse con un resultado que no esperaban y que salga la independencia", advierte.

La campaña independentista Sí Escocia cree por su parte que lo que debe hacer para ganar más votos es hablar con el mayor número de escoceses, pues "todo indica que, cuanto más informados están sobre el referéndum, más se decantan por el 'sí'", según su director, Blair Jenkins.

El Gobierno escocés de Alex Salmond está convencido de que logrará persuadir al electorado de las ventajas de la independencia, con el mensaje principal de que "Escocia será más próspera si las decisiones que la afectan se toman en Edimburgo".

"Esta es la verdad, simple pero convincente, que reside en el centro de nuestro argumento por la independencia", asegura el ministro principal.

Pocos detalles sobre el futuro

El Ejecutivo autónomo presentará en breve el llamado Libro Blanco, donde se espera que dé detalles sobre cómo se organizaría una Escocia independiente, entre críticas de que hasta ahora se ha mostrado vago en asuntos clave como la defensa, la política exterior o la economía.

"El argumento pro independencia se ha basado en aseveraciones al aire e incertidumbres", sostiene el ministro para Escocia del Gobierno británico, Michael Moore. Los independentistas "dicen que las cosas permanecerán más o menos igual o mejorarán pero, o no se ofrecen detalles, o se asume que el resto del Reino Unido, la Unión Europea o la OTAN aceptarán todo lo que ellos pidan", apunta.

"La realidad es que la separación sería un cambio masivo", añade Moore, cuyo principal argumento en contra de la secesión es que los escoceses "pueden beneficiarse de lo mejor de ambos mundos" si se mantiene la unión con Inglaterra forjada en 1707. "Escocia es más fuerte y tiene más oportunidades como parte de la familia de naciones del Reino Unido", proclama este ministro, de origen escocés.

Según la visión de Salmond, una Escocia independiente se mantendría bajo la corona británica, podría conservar la libra esterlina y mantener acuerdos de seguridad social con sus vecinos del sur, promesas que Moore ve como un intento del líder del SNP de "minimizar el riesgo" de la ruptura.

Todas las partes del debate coinciden, no obstante, en que, a la hora de atraer el voto, el argumento que hay que ganar es el económico. Aunque Salmond sostiene que, con el control de sus recursos económicos, Escocia brillaría con luz propia, la patronal británica de empresarios ha advertido de que la independencia "puede tener un alto coste".

"¿Qué implicaciones tendría para nuestro mercado laboral unificado, infraestructura integrada, nuestro catálogo de acuerdos comerciales y nuestra posición en la Unión Europea?", se pregunta el presidente de la Confederación de la Industria Británica (CBI), Michael Rake.

Al tiempo que intenta aclarar estas dudas, el SNP, que gobierna en mayoría en Escocia desde 2011, acelera el trámite parlamentario de las leyes que apuntalarán el histórico referéndum, en el que podrán participar los escoceses mayores de 16 años.

Cualquiera que sea el resultado de la consulta, Escocia logrará contrapartidas pues el primer ministro del Reino Unido, el conservador David Cameron, ha indicado que recompensará el "no" con más autonomía para los escoceses.

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