The sea horse in Pierre Belon’s De aquatilibus libri duo (Paris: Apud Carolum Stephanum, 1553), p. 27
Caballo acuático catalogado como criatura marina por el explorador, naturalista y escritor francés Pierre Belon en una obra de 1553 British Library

Podían estar en los alrededores de Islandia, en las profundidades abisales del sur de África, en la costa de la India, en el estrecho de Magallanes... Primero en lo que se pensaba que eran los confines de la tierra imaginada como una superficie plana y después con el fervor que causó descubrir el continente americano, los monstruos marinos son un elemento indispensable en la historia de la cartografía europea.

El libro Sea Monsters on Medieval and Renaissance Maps (Monstruos marinos en mapas medievales y renacentistas) —publicado por el sello editorial de la British Library— presenta una vistosa antología de criaturas que se exhiben, nadan, se aproximan o atacan a embarcaciones en la inmensidad desconocida de los océanos.

Los recurrentes motivos son un reflejo de las fantasías de cartógrafos, viajeros y exploradores europeos que en el medievo y en el renacimiento se recreaban en imaginar los peligros que podían encerrar los lugares más remotos del planeta.

Chet Van Duzer, autor de la obra y de otros libros en los que estudia diferentes aspectos de la cartografía, analiza desde un punto de vista académico los ejemplos más importantes de criaturas marinas en una amplia selección de planos europeos. El historiador desmenuza los detalles de los primeros mapas del mundo (que documentan a los feroces seres con discreción) hasta los elaborados ejemplos de finales del siglo XVI, contrastándolos con ilustraciones zoológicas, globos terráqueos, cartas de navegación y otros documentos.

Una deriva artística en el renacimiento

Una enorme langosta atrapando a un hombre, un "cerdo marino" con ojos repartidos por el cuerpo, versiones fantásticas del pez espada, unicornios acuáticos, serpientes gigantes como dragones, sirenas sin rostro y con fauces en el pecho... La imaginativa colección es tan inabarcable como las numerosas leyendas extendidas o fantasías derivadas del avistamiento fugaz de ballenas y tiburones.

Unicornios acuáticos, "cerdos marinos con ojos repartidos por el cuerpo...Van Duzer especifica además que los monstruos tuvieron una deriva artística. En las cartas de navegación del renacimiento temprano las ilustraciones de estos seres eran un extra en los mapas, elementos que enriquecían las obras como la reproducción de monumentos, las banderas o los topónimos. Los destinatarios de las obras pobladas de amenazas no eran los navegantes —interesados estrictamente en información práctica— sino los nobles, que recorrían con la imaginación los peligros potenciales del mundo.