La idea de borrar recuerdos traumáticos surgió en los noventa, cuando los investigadores que experimentaban con ratas descubrieron que el asentamiento en la memoria del sentimiento de temor podría ser reducido por los betabloqueantes, un tipo de drogas utilizado para controlar la presión arterial, anginas de pecho o infartos cardiacos.

 

Una de cada tres personas que sufren una experiencia traumática desarrollan estrés postraumático

Los betabloqueantes ocupan los receptores de la superficie de las células que normalmente ocupan la adrenalina y la noradrenalina, y así contrarrestan sus efectos biológicos, incluido el de formar los recuerdos.

Roger Pitman, un psiquiatra de la Escuela de Medicina de Harvard, ha demostrado que los recuerdos de los eventos traumáticos o cargados de emociones de manera diferente a los recuerdos neutrales son guardados por el cerebro de forma más profunda y recordados por más tiempo.

El experimento

En 2001, Pitman propuso probar la idea en humanos y estableció un sistema de alerta en la sala de emergencia del Hospital General de Massachusetts (EEUU), de manera que a las personas que llegaban tras haber sufrido un evento traumático, como un accidente de tráfico o una violación, se les diera la opción de tomar parte del experimento.

A los que aceptaban se les daba una pastilla de propranolol (un betabloqueante) o un placebo.

Más tarde, Pitman le pidió a los voluntarios que describieran la experiencia traumática que habían sufrido y grabó las historias.

Tres meses después, les pidió que dibujen el evento mientras escuchaban la grabación; mientras, eran medidas sus reacciones fisiológicas como el ritmo cardíaco. En el grupo placebo, el 43% mostró síntomas de estrés, como un incremento del ritmo cardíaco o sudoración; ninguno de los que tomaron propranolol mostraron signos de estrés.

Los betabloqueantes quizá puedan hacer algo más que sólo prevenir el estrés postraumático.

Una de cada tres personas

Desde una perspectiva evolucionista, este proceso sirve para dotar de importancia a los eventos emocionalmente relevantes de modo que uno pueda responder de mejora forma la siguiente vez.

Se ha conseguido alterar las memorias de las ratas, lo que hace pensar que podrían modificarse los malos recuerdos en humanos

Pero hasta un tercio de las personas que viven un evento traumático desarrollan estrés postraumático.

Avances significativos en la comprensión de la forma en que el cerebro forma y recupera los recuerdos están permitiendo que los científicos prueben drogas que bloquean o borran específicamente los recuerdos en el nivel molecular.

"Representa uno de los descubrimientos más excitantes de la historia de la psicología", dijo Pitman.

Otros estudios

En los últimos años, los neurocientíficos han descubierto que los recuerdos son mucho más fluidos de lo que se pensaba.

Investigadores de la Universidad McGill de Montreal, Canadá, que trabajaban con ratas que habían sido condicionadas a desarrollar miedo ante un sonido inofensivo, descubrieron que cada vez que las ratas oían el sonido, sus memorias se volvían nuevamente flexibles por un corto período en el que podían ser alteradas.

Esto sugirió que los recuerdos que parecen estar bien asentados desde hace mucho tiempo pueden volverse flexibles si son recuperados bajo condiciones emotivas.

Otro equipo de investigadores que incluye a Margaret Altemus, de la Universidad Corbell en Nueva York, y a Joseph LeDoux, de la Universidad de Nueva York, también planea investigar el tratamiento con propranolol, permitiendo que las personas con estrés postraumático se autoadministren propranolol cuando experimentan un flashback, que es cuando esos recuerdos se vuelven flexibles.