Vivienda en venta y alquiler
En la fachada de una casa, el cartel de un apartamento que se vende o alquila. CH. LIZARRALDE

España sigue siendo un país de propietarios. Pese a los estragos de la crisis, las hipotecas y los desahucios, más de la mitad de los compradores e inquilinos siguen prefiriendo comprar una vivienda a alquilarla.

En concreto, un 60% de los compradores/inquilinos opinan que en el caso de que la cuota hipotecaria mensual fuera igual a la renta mensual de alquiler de esa misma vivienda optarían por la compra en lugar del alquiler.

Frente al 60% que manifiesta que actualmente preferiría comprar una vivienda que alquilarla, un 19% prefiere el alquiler y un 21% prefiere seguir alquilando mientras no mejore la situación. Son resultados de la encuesta realizada por Look & Find entre los visitantes de su web. 

La principal dificultad radica en la financiación por el endurecimiento de las hipotecasDe las respuestas se extrae una conclusión clara y es que en España la opción preferida por la mayoría sigue siendo la de adquirir la vivienda en propiedad. De los que no apuestan por la propiedad, solo un 19% cree firmemente en alquilar, porque ese otro 21% lo hace como una opción temporal y están esperando a que mejore la coyuntura económica para poder pasar del alquiler a la compra.

De ese modo, dice la inmobiliaria, más del 80% de los interesados en vivienda que consultan su web tienen como objetivo a corto o medio plazo la compra.

Según Look & Find, en este momento la principal dificultad a la hora de adquirir una vivienda no radica tanto en el precio como en la concesión de la financiación por el endurecimiento de las condiciones a la hora de la obtención de una hipoteca. Algo que contrasta con un momento especialmente favorable en lo que respecta al euríbor, en mínimos históricos, y que está suponiendo mes a mes revisiones a la baja de las cuotas hipotecarias.

En esta coyuntura financiera y como consecuencia también del ahorro familiar, esta inmobiliaria asegura haber observado en los últimos meses un incremento sustancial de las aportaciones económicas para la compra de una vivienda con hipotecas por importes que no suelen superar los 150.000 euros, así como de la realización de operaciones al contado en las que no se solicita hipoteca.