«Buenos días, venía por el anuncio en el periódico de un piso de alquiler en Abando». La comercial de la inmobiliaria bilbaína sonríe: «Sí, tenemos pisos céntricos desde 180 euros mensuales». El buscador de piso se alegra: «Vaya, es muy buen precio, quiero verlo». La mujer de la inmobiliaria se prepara: «Mira, te explico un poquito cómo funcionamos. Aquí cobramos 120 euros por el servicio de ponerte en contacto entre el propietario de los pisos y tú». Éste diálogo es la antesala de un abuso inmobiliario detectado por el Arbitraje de Consumo y las asociaciones de consumidores. Consiste en lo siguiente: el cliente firma con la inmobiliaria un contrato en el que a cambio de un precio de 120 a 200 euros la agencia se compromete a poner en contacto al comprador y al propietario.

¿Dónde está el abuso? Pues que la inmobiliaria se limita a pasar un par de anuncios de prensa y se queda con el dinero. «Nosotros no nos comprometimos a que usted encontrara piso», arguye la inmobiliaria al recibir al cliente enfadado.

Con esta treta, Arbitraje de Consumo del Gobierno Vasco ha recibido 50 quejas de 2000 a 2006. Todas de la misma agencia, situada en la Gran Vía de Bilbao. En 30 de esas demandas, la inmobiliaria fue obligada a devolver el dinero. El resto, nanai.

«Ilegal no es porque hay un contrato en regla que el cliente firma voluntariamente. Ahora bien, esta práctica no tiene ni gota de buena fe. Debe prohibirse», afirma el abogado de la Organización de Consumidores Vascos, Mikel Muñoz.

Lo que está claro, es que a la inmobiliaria abusadora la jugarreta le sale rentable. Lo peor que le puede pasar es devolver el dinero. A Muñoz le consta que hay muchas más víctimas que esos 50 casos registrados en Arbitraje.

Abusarás del necesitado

Los inmigrantes son víctimas predilectas del agente truhán. Los foráneos desconocen las normas de aquí y caen con más facilidad. Es lo que ha visto el abogado Mikel Muñoz, que ya ha trabajado en varios  de estos casos. El cebo es un anuncio de un piso en alquiler en la prensa. Ofrece un precio muy atractivo y se hace pasar por un propietario. Por ejemplo: «Indautxu: Comparto piso. 200 euros la habitación». Al llamar, el comercial que contesta explica que es una inmobiliaria, y que para recibir más información, es necesario pasarse por su oficina de la Gran Vía de Bilbao. Ahí es cuando se echa la red y se coge al pez.