La consejera de Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural, Blanca Martínez, ha asistido este sábado a IV Fiesta Conmemorativa de la Real Fábrica de Cañones de La Cavada, en el municipio de Riotuerto.

Este evento que tiene por objeto revivir épocas pasadas, y en especial los momentos de esplendor de las reales fábricas de artillería locales, cuenta como acto central con la escenificación de la toma de posesión del brigadier don Fernando Casado de Torres como director de esta empresa, en el siglo XVIII.

Al acto también han asistido el alcalde de Riotuerto, Ángel Sebastián Cuadrado, el director general de Turismo, Santiago Recio, distintos alcaldes de los municipios limítrofes, y autoridades civiles y militares.

Los actos comenzaron a las 18 horas de la tarde, en la plaza de Carlos III, con el recorrido por las calles de la localidad de un desfile militar de trajes de época, que ha acompañado al brigadier junto a su calesa, para continuar con el traslado de la comitiva hasta el Museo de Artillería.

La fiesta, que cada año congrega a gran cantidad de público, culmina con el disparo de uno de los cañones fabricados en estas industrias, en concreto, la salva de honor se realiza con un cañón de 48 libras.

La real fábrica de artillería

La historia de Riotuerto está muy ligada a la instalación de la Real Fábrica de Artillería de la Cavada, creada en 1634 y cerrada a finales del siglo XVIII.

Con sus cinco hornos, llegaron a suministrar armamento a las plazas fuertes de España y sus colonias, así como a la Armada Real.

Hasta la Real Fábrica llegaron numerosos operarios flamencos para poner en funcionamiento y enseñar las últimas técnicas de fundición a los operarios locales. La fama de estos Altos Hornos trascendió fronteras siendo reconocidas sus piezas en toda Europa.

Desde 1787 la fábrica toma nuevos rumbos de producción elaborando bienes de equipo para industrias y escudos heráldicos que tenían a los palacios como destino final.

Es a finales del siglo XVIII cuando la Real Fábrica entra en su definitiva crisis por la falta de recursos económicos, de materias primas y de innovación en su proceso de producción.

En 1826 la fábrica realizó su última fundición, pero ya mucho antes su producción era insignificante.

Estas fábricas tuvieron un importante papel dotando de armamento a la marina y a las fortificaciones de los distintos puertos y ciudades nacionales.

La fábrica de La Cavada llegó a convertirse en la primera siderurgia e industria armamentística de España, ya que representó la constitución de los primeros Altos Hornos de España, que además fueron los únicos durante más de 160 años.

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