El cerco al botellón iniciado por la Policía Municipal de Bilbao ya ha traspasado las fronteras del Casco Viejo, la zona por excelencia para esta práctica por parte de los jóvenes y adolescentes y donde el Ayuntamiento anunció que centraría sus esfuerzos en la caza a los botelloneros.

La Policía, además, ha salido del Casco Viejo en poco más de un mes. Entre el 4 de noviembre, día en el que entró en vigor la ordenanza que prohíbe el botellón, y el 26 de diciembre, la Guardia Urbana ha impuesto 23 sanciones por hacer litros en la calle. Y de ellas, siete han sido a chicos y chicas que estaban de botellón en la céntrica playa Moyúa y en Lehendakari Agirre, en Deusto. El resto se han llevado a cabo en el Casco Viejo, sobre todo en Iturribide, Fika, El Arenal y las calles del entorno.

Estos chavales, tres de ellos menores de edad, tendrán que pagar una sanción de 300 euros, pero muchos otros se han librado.

La Policía ha contabilizado en este periodo un total de 108 incidencias por botellón, entre ellas denuncias vecinales o advertencias a algunos chavales, a los que no ha hecho falta multar.

El Ayuntamiento da, así, una respuesta inmediata a la reacción, no menos rápida, de los chavales. En el mismo momento en el que se les prohibió esta costumbre, la juventud buscó nuevas zonas fuera del Casco Viejo para proseguir con el botellón, según han denunciado numerosos vecinos de Bilbao.

Las multas alejan a la juventud 

De más a menos. Sólo el primer fin de semana de ordenanza, la Policía puso siete multas, la tercera parte de las 23 contabilizadas en ocho fines de semana. Poco a poco, los chavales dejan el botellón.