Elena Masera, la madre de Chantal L.M, la niña de ocho años de edad que ingresó en el citado hospital el 24 de diciembre de 2005 aquejada de una apendicitis y que falleció tres días después a causa de una mortal infección, y por cuya muerte han sido condenados un cirujano y una pediatra a un año y medio de prisión y a tres años de inhabilitación, así como al pago conjunta y solidariamente de 200.000 como responsabilidad civil, se ha mostrado "satisfecha" con la sentencia y espera que, a pesar de ser consciente de que van a recurrir el fallo, "ningún tribunal les rebaje las penas".

En declaraciones a Europa Press, Masera ha mostrado su agradecimiento por "el trato judicial" recibido durante todo el juicio por parte del juez del Juzgado de lo Penal número 1, Francisco Ramírez Herves, y aunque ha celebrado el fallo, asegura tener "mucha rabia porque ha quedado demostrado que la muerte de Chantal se podría haber evitado".

"Siempre duele mucho la muerte de un hijo, es lo peor que le puede pasar a un ser humano, pero cuando se trata de una cosa así, cuesta más de asimilar porque se podría haber evitado", ha insistido, indicando además que ella "estaba viendo que la niña se moría y nadie, ningún médico, hacía nada".

Según reza en la sentencia, estos dos facultativos han sido condenados a un año y medio de prisión y a tres años de inhabilitación, así como al pago conjunta y solidariamente de 200.000 como responsabilidad civil a los padres de la menor, por un delito de homicidio por imprudencia, mientras que ha absuelto a otro cirujano, al que llevó a cabo la intervención.

El juez condena a este cirujano y a la pediatra al entender que "se realizó un diagnóstico a la ligera por negligencia en no haberse rodeado de todos los informes necesarios y haber recurrido a los procedimientos de control y de investigación exigidos por la ciencia", limitándose a "sospechar una supuesta y extraña gastroenteritis sin practicar pruebas complementarias y sin instaurar tratamiento antibiótico alguno".

Considera que ambos médicos "no sólo no detectaron la grave patología que padecía la menor, sino que omitieron cualquier comportamiento encaminado a la búsqueda del diagnóstico correcto, limitándose ambos a mantener las pautas dirigidas exclusivamente a erradicar el dolor abdominal y el estado febril, unas conductas que resultan encuadradas en el homicidio cometido por imprudencia".

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