Pero su ambición, que lo llevó a invadir el vecino Irán y Kuwait y a desafiar a Estados Unidos, su antiguo aliado, que lo acusó de desarrollar armas nucleares y químicas, destruyó la economía de un país rico en petróleo y finalmente le condujo a su caída.

Sadam, de 69 años, superó una infancia pobre siendo huérfano en Tikrit para acercarse al poder en el golpe de Estado de 1968 de su partido, el Baaz.

En 1979 accedió a la presidencia e invadió Irán el año siguiente, iniciando una guerra que duró ocho años y mató a cientos de miles de personas, atemorizando a toda una generación.

Su régimen se derrumbó cuando los tanques estadounidenses entraron en Bagdad en abril de 2003.

Sadam, que significa 'el que se enfrenta' en árabe, fue capturado en diciembre de ese año cuando los soldados estadounidenses le encontraron en un zulo cerca de su localidad natal, Tikrit.

Había prometido que caería luchando, como sus hijos habían hecho meses antes, pero no disparó un solo tiro.

'Soy el presidente de Irak, y quiero negociar', dijo a los soldados que lo encontraron.

El lugar en el que había permanecido oculto consistía en una habitación con dos camas y un frigorífico en el que había una lata de limonada, un paquete de perritos calientes y una caja abierta de bombones belgas. Varios pares de zapatos nuevos metidos en sus cajas se esparcían por el suelo.

Un general estadounidense dijo que había sido atrapado 'como una rata' y muchos árabes que habían admirado su pose desafiante ante Estados Unidos se sorprendieron por no verle luchar.

Los iraquíes que vivieron durante años bajo la mirada de las estatuas y carteles de un Sadam orgulloso contemplaron las humillantes imágenes de su detención, con la boca abierta mientras pasaba un reconocimiento médico, una barba canosa no habitual y desaliñado.

Sadam fue condenado en noviembre a morir ahorcado por el asesinato, tortura y otros crímenes contra 148 chiíes tras un intento de acabar con su vida en 1982.

Fue presidente desde 1979 tras usar sus habilidades como combatiente y conspirador para hacerse con el poder en el partido Baaz. Rodeado de parientes, mantuvo el poder con mano de hierro pese a los sangrientos levantamientos, intentos de golpes de Estado y asesinatos.

Su gobierno despiadado, durante el cual sus enemigos dicen que murieron cientos de miles de personas, sofocó en gran parte las tensiones entre árabes y kurdos y entre la mayoría chií y los suníes, rama minoritaria a la que pertenecía.

Aliado en el pasado de Estados Unidos, que le ayudó en su guerra contra los islamistas chiíes de Irán, fue demonizado por los dirigentes occidentales después de que su Ejército invadiera Kuwait, aliado estadounidense, en 1990.

Su descripción de la primera Guerra del Golfo como la 'madre de todas las batallas' ha quedado para la Historia.

Durante algunos años, la política estadounidense fue de contener a Sadam pero tras los atentados del 11 de septiembre, Bush eligió Irak como siguiente objetivo de su 'guerra contra el terrorismo', tras Afganistán.

Pese a los esfuerzos estadounidenses por despojarle del poder tras la invasión de 2003, Sadam permaneció huido ocho meses, emitiendo vídeos de vez en cuando instando a los iraquíes a resistir las fuerzas de un hombre al que calificó de 'El criminal Bush pequeño'.

Capturado en diciembre de 2003, Sadam pasó sus tres últimos años en una cárcel militar estadounidense, lejos del lujo extravagante de sus palacios, donde los tapones de las bañeras eran de oro.

/Por Ibon Villelabeitia/