El papa Francisco denunció la "globalización de la indiferencia" que hace que el hombre no se sienta responsable de las muerte de los inmigrantes indocumentados que pierden la vida en las travesías buscando un futuro mejor e hizo un llamamiento para que hechos como esos no se vuelvan a repetir.

Nos hemos acostumbrados al sufrimiento de los otros, no nos afecta, no nos interesa, no es cosa nuestra "Inmigrantes muertos en el mar, en esas barcas que en vez de ser un vía de esperanza se convirtieron en un camino de muerte. He conocido la noticia (la muerte de siete norteafricanos cuando trataban de llegar a las costas italianas encaramados a las nasas de un pesquero tunecino, que fueron cortadas por los tripulantes) que por desgracia tantas veces se ha repetido y que se me ha clavado como una espina en el corazón", dijo el papa en la homilía de la misa que celebra en la isla italiana de Lampedusa.

Francisco agregó que tras conocer esa tragedia sintió que tenía que viajar a esa isla, la más meridional de Italia y situada a 113 kilómetros de la costas africanas, lo que hizo este lunes, "para realizar este gesto de cercanía y también para despertar nuestras conciencias, para que lo ocurrido no se repita más".

El papa Bergoglio denunció que el hombre actual está "desorientado, no está atento al mundo en el que vive, no cuida y no custodia lo que Dios ha creado para nosotros, ni siquiera cuidamos los unos de los otros".

"Y cuando ese desorientación asume las dimensiones del mundo, se producen tragedias como esa.

"¿Quien es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas?. Ninguno. Todos respondemos: yo no he sido, yo no tengo nada que ver, serán otros, pero yo no. Hoy nadie se siente responsable de estos, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en el comportamiento hipócrita", denunció.

Pidamos al Señor que nos de la gracia de llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo Francisco agregó que la cultura del bienestar, "que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en una pompa de jabón, que son bonitas, pero no son nada más, son la ilusión de los fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, lleva a la globalización de la indiferencia".

"Nos hemos acostumbrados al sufrimiento de los otros, no nos afecta, no nos interesa, no es cosa nuestra", agregó que el papa, que añadió que sin embargo, la globalización de la indiferencia nos hace a todos innombrables, responsables sin nombre y sin cara".

El papa Bergoglio manifestó que la sociedad actual se ha convertido en una sociedad que ha olvidado llorar, llorar por las personas que han muerto en las barcas hundidas en el mar, por las madres que llevaban a sus hijos.

"Pidamos al Señor que nos de la gracia de llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio económicas a nivel mundial que abren el camino a dramas como estos", afirmó.

"Rezo por vosotros y por los que ya no están"

"Rezo por vosotros, también por los que ya no están. Os agradezco vuestra acogida", dijo el papa a las varias decenas de inmigrantes con los que departió a su llegada al puerto de Lampedusa, la isla más meridional italiana, donde lanzó una corona al mar por los fallecidos en las travesías.

Francisco estrechó las manos de los inmigrantes irregulares, tanto musulmanes como cristianos, llegados en los últimos díasFrancisco, que estrechó las manos de los inmigrantes irregulares, musulmanes y cristianos, en su mayoría, llegados en los últimos días en viejas barcazas a la isla conocida como la "puerta de Europa", agregó que estaba allí para recordar a los fallecidos, para orar con ellos y para mostrarle su cercanía.

Entre los inmigrantes había muchos niños y mujeres. Varios de los adultos aprovecharon el momento del saludo para pedir que Europa les ayude.

"Hemos huido de nuestro país por dos motivos, políticos y económicos. Para llegar a este lugar tranquilo hemos superados muchos obstáculos, hemos sido robados por traficantes, hemos sufrido mucho hasta llegar aquí", le dijo un joven inmigrante irregular al papa, al que entregó una carta.

Tras los saludos, el papa, abordo de un "jeep", prestado por un vecino de la isla, se trasladó al campo de deportes 'Arena', de la localidad de Salina, para oficiar una misa y donde se encuentran ya varios miles de personas.

Después irá a la parroquia de San Gerlando, donde hará una breve parada, y posteriormente volverá al Vaticano.

La misa

Para la celebración eucarística, el altar ha sido construido con una de las barcazas usadas por los inmigrantes para alcanzar la isla, y el báculo y el cáliz que utilizará el papa han sido tallados con maderas de dichas barcas por un artista lampedusano.

El báculo y el cáliz que utilizará el papa también han sido tallados con maderas de las barcazas Antes del encuentro con los inmigrantes irregulares, el papa Bergoglio lanzó una corona en el mar de Lampedusa, en memoria de los inmigrantes irregulares que perdieron la vida en las travesías cuando buscaban un futuro mejor en Europa.

Después de orar unos minutos, Francisco lanzó la corona, con flores blancas y amarillas, los colores del Vaticano, desde una nave de la Guardia Costera italiana poco antes de atracar en el puerto de Lampedusa.

El barco atracó en el puerto Punta Favarolo, donde le esperaban un reducido grupo de autoridades locales, ya que el Pontífice desea que sea una visita discreta y sobria.

Mostrar al mundo el drama de la inmigración

El Obispo de Roma llegó poco antes de las 9.00 hora local (7.00 GMT) a la isla, en un viaje que tiene como objetivo mostrar al mundo el drama de la inmigración.

El papa Francisco lanzó una coronal de flores al mar por lo fallecidos en las travesías Francisco viajó en un avión Falcon 900 de la Aeronáutica militar que despegó del aeropuerto romano de Ciampino a las 8.00 horas locales.

Mientras se esperaba su llegada, una barcaza con 166 inmigrantes indocumentados a bordo llegó al puerto de Lampedusa.

En el aeropuerto de la isla, situada a sólo 113 kilómetros de las costas africanas, fue recibido por el arzobispo de Agrigento, Francesco Montenegro, y la alcaldesa de la isla, Giusi Nicolini, las únicas autoridades presentes.

Después Francisco se desplazó en coche hasta la Cala Pisana y desde allí se dirigió en barco hacia el muelle Favarolo, donde desembarcan los miles de inmigrantes que cada año son rescatados en el mar.

Navegó escoltado por un centenar de barcas de pescadores y lanzó la corona de flores en memoria de los cerca 20.000 inmigrantes que se calcula han perdido la vida en el mar intentando llegar a Italia.