Barack Obama
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama. EFE

La comunidad internacional ha pedido, casi al unísono, que el proceso de cambio en Egipto sea rápido y que los militares conserven el poder durante el menor tiempo posible tras el golpe de Estado que derrocó a Mohamed Morsi, aunque muchos han evitado condenar de forma contundente la acción del Ejército.

El presidente de EEUU, Barack Obama, ha pedido al Ejército egipcio que devuelvan la autoridad "a un gobierno civil elegido democráticamente" tan pronto como sea posible y ha ordenado revisar la ayuda que Washington da al país, pero evitó hablar de golpe de Estado.

Varios líderes han evitado hablar de la actuación del ejército como un golpe de Estado.Obama sí expresó su preocupación "por la decisión de las Fuerzas Armadas egipcias de deponer al presidente Mursi y suspender la Constitución".  Estados Unidos "no apoya a determinadas personas o partidos políticos" en Egipto, pero "estamos comprometidos con el proceso democrático y el respeto al Estado de derecho", aseguró el presidente estadounidense.

En la misma línea, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha asegurado que la "interferencia militar" en los asuntos de un país es motivo de preocupación, a la vez que ha reconocido que "muchos egipcios han expresado profundas frustraciones y preocupaciones legítimas".

Tras hacer un llamamiento a la calma y en favor del diálogo y en contra de la violencia, el secretario general consideró "crucial" que se restaure un gobierno civil en el país de forma "rápida" de acuerdo con los principios de la democracia. 

Catherine Ashton, la jefa de la diplomacia europea, evitó hablar de un golpe de Estado, pero también urgió a Egipto a volver rápidamente al proceso democrático con la celebración de elecciones y con la aprobación de una constitución, pidiendo a la "nueva administración" que sea incluyente.

La UE ha tratado en el último año de mostrar un claro compromiso con la transición democrática en Egipto, apoyando los esfuerzos tanto política como financieramente. Además, mostró en varias ocasiones su respaldo a los avances para afianzar la democracia impulsados por Morsi, al que sin embargo insistió para que incluyese a todas las partes de la sociedad en el proceso de transición.

En la misma línea, otros países como Francia, Marruecos, Canadá o Australia han pedido un proceso democrático rápido, pacífico y plural en el país.

El rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdelaziz, sí ha apoyado abiertamente el golpe. El monarca ha felicitado a Adli Mansur, designado por las Fuerzas Armadas egipcias presidente interino, por "su asunción de la jefatura de Estado en esta etapa crítica de su historia".

Abdelaziz también ha señalado que "estrecha las manos de los hombres de las Fuerzas Armadas, representadas en la persona de Abdel Fatah al Sisi, que sacaron a Egipto de un túnel del que solo Dios conoce sus consecuencias".

Al Asad: "La caída de Mursi es un ejemplo del fracaso del Islam político".El Reino Unido, en cambio, sí ha sido más claro. El ministro británico de Exteriores ha emitido un comunicado pidiendo a las partes en conflicto en Egipto que eviten la violencia y ha señalado que "no apoya una intervención militar como forma de resolver las disputas en un sistema democrático". También Brasil ha expresado que "acompaña con preocupación la grave situación en Egipto, donde la Constitución acaba de ser suspendida y el presidente democráticamente electo destituido, según comunicaron las Fuerzas Armadas".

El presidente de Siria, Bashar al Asad, enfrentado desde hace dos años a una insurrección armada interna con fuertes connotaciones religiosas, ha advertido de que el golpe de Estado militar contra el presidente de Egipto, el islamista Mohamed Mursi, es un ejemplo del "fracaso del Islam político".

"En un año, el pueblo egipcio se ha hecho una idea clara y la gestión de los Hermanos Musulmanes ha ayudado a desvelar las mentiras dichas por los Hermanos Musulmanes en los inicios de la revolución popular en Egipto", ha añadido.

Según Al Asad, el experimento gubernamental de los Hermanos Musulmanes estaba "condenado al fracaso desde antes de comenzar" porque los régimenes de este tipo no son coherentes con la naturaleza del pueblo y porque los islamistas egipcios defienden un proyecto "hipócrita" que aspira a crear divisiones dentro del mundo árabe.