El arte en la época de Altamira
Renos nadadores, obra del Magdaleniense tardío. British Museum

Un día de hace 13.000 años, al norte de los Pirineos, un trozo de colmillo de mamut llegó hasta un troglodita. No conocemos su edad ni su nombre; ni siquiera sabemos si era hombre o mujer. Pero una cosa es segura: nuestro  anónimo antepasado era creativo y habilidoso. Se sintió inspirado ante la contemplación de ese pedazo de marfil y comenzó a tallar en él una imagen: la de dos renos nadando.

Ha llovido mucho desde entonces, pero su estatuilla ha soportado bien el paso de los años y hoy es una de las piezas prehistóricas más importantes de la colección del British Museum. Ahora, viaja por primera vez a España para ser una de las piezas estrella de la exposición 'El arte en la época de Altamira', que abre este jueves en la Fundación Botín de Santander y que está organizada junto al museo británico.

"El realismo de estos dos renos que nadan evoca la conexión tan cercana que el hombre tenía con la naturaleza, a la vez que sugiere la existencia de creencias y narraciones orales", explica a 20minutos Jill Cook, comisaria de la muestra y conservadora jefe del Departamento de Paleolítico y Mesolítico del British Museum. Esta experta menciona también entre sus tallas favoritas de la exposición "los tres caballos de Duruthy, que podrían haber sido hechos por el mismo artista y cuya cualidad estética llama mucho la atención; el glotón de marfil de Jarama II, que tiene mucho encanto, y los uros grabados en hueso, que revelan un artista experimentado capaz de dibujar al animal a escala a la vez que se adapta a la forma del material utilizado".

Todas estas piezas, como el resto de las obras prehistóricas que integran 'El arte en la época de Altamira', tienen una cosa en común: fueron creadas durante lo que los expertos llaman el 'Renacimiento' de la Edad de Hielo, un periodo de extraordinaria vitalidad artística que comenzó hace 22.000 años y durante el que surgieron nuevas técnicas y estilos, muchos de los cuales se pueden apreciar en las grandes pinturas rupestres de Altamira y Lascaux (Francia). "A medida que la temperatura comenzó a aumentar, empezaron a crearse muchas más pinturas y grabados en las cuevas, así como dibujos en hueso, asta y marfil, y también es mucho más común la decoración de herramientas y objetos cotidianos", explica Cook. "Se desarrollaron diferentes estilos y hubo una evolución en las características de la representación de la mujer: al principio se reflejaban únicamente sus propiedades maternales y luego hubo una visión más abstracta de la  sexualidad femenina".

Una andadura que comenzó hace 100.000 años

El arte más antiguo que se conoce comenzó en África hace unos 100.000 años, aunque consistía únicamente en adornos, patrones grabados y el uso de pigmentos: "No se conocen representaciones de personas o animales que daten de esa época", explica la comisaria. Pero, con el paso de los siglos, esas manifestaciones artísticas fueron haciéndose más sofisticadas. "Las imágenes más antiguas de personas y animales aparecen en el oeste de Europa hace unos 40.000 años. De aquella época datan auténticas obras maestras de la escultura que en ocasiones requerían hasta 400 obras de trabajo, así como dibujos grabados y adornos en los que se invirtieron miles de horas de trabajo".  Aunque el anónimo artista troglodita que nos ocupa, el autor de los 'Renos nadando', nacería unos 27.000 años más tarde, en pleno 'Renacimiento' cavernícola.

Pero, ¿qué se le pasaba por la cabeza a esos primeros artistas? ¿Cuál era su motivación en aquella época sin críticos de arte, subastas ni galerías especializadas? Los expertos sostienen que esta inversión de tiempo y esfuerzo en construir algo sin utilidad práctica aparente tenía unos efectos muy positivos en el funcionamiento del grupo.  "El acto creativo es un impulso con raíces sociales muy profundas. Las imágenes sirven para exteriorizar y fijar ideas que pueden unir a las personas en el placer contemplativo y en una causa común, ya sea política o religiosa", explica Cook. "Esto ayuda a crear vínculos entre las personas y a que socialicen de una forma más eficaz, garantizando una colaboración que es tan necesaria para la supervivencia como la comida o el abrigo contra los elementos".

Mucho más que objetos arqueológicos

Los 'Renos nadando', El 'Glotón de Jarama II' o las figuras femeninas de Nebra nos cuentan mucho sobre nuestros antepasados: cómo eran, cómo pensaban, qué habilidades tenían. Pero, por encima de todas estas cosas, son objetos de gran belleza. Y esta cualidad es uno de los objetivos de 'El arte en la época de Altamira':  destacar el valor de estas piezas como objetos de arte, y no meramente como objetos arqueológicos. Para ello, junto a las piezas de piedra, asta y marfil talladas hace miles de años se podrán admirar otras creaciones muchísimo más recientes: pinturas de Miró, Matisse y Pasmore cuya presencia allí pretende romper una barrera temporal que nos permita apreciar la similitud de conceptos y técnicas que no han cambiado, salvo por lo que se refiere a su contexto cultural.

Y es que probablemente seamos mucho más parecidos al hombre prehistórico de lo que creemos. "Sabemos, por esqueletos de esa época, que la gente de ese periodo era anatómicamente y genéticamente igual a nosotros. Esto no responde a la pregunta de si eran tan inteligentes como nosotros o no. Pero el arte revela que tenían el mismo cerebro moderno que nosotros, porque muestra que ellos eran capaces de expresar ideas complejas a través de imágentes y símbolos", explica Cook. "Su capacidad de razonar y ser imaginativos los capacitaba para tener iniciativa y adaptarse. Tenían el mismo cerebro moderno ejecutivo que nosotros, así que tenían ingenio y la habilidad de resolver problemas, lo que les permitió formar sociedades capaces de superar las limitaciones que el medio ambiente impuso a otros animales".

El artista Joan Miró, que visitó las cuevas de Altamira en 1957, supo trascender el valor arqueológico de las míticas pinturas rupestres y se sintió inmediatamente fulminado por su primitiva belleza. Tras aquella experiencia, comenzó pintar obras sin caballete y utilizando colores terrosos. Uno de sus trabajos más significativos de esta etapa fue su serie de grabados titulados Grans rupestres (Grandes ruprestres), creados a finales de los años 70. Ahora, estos grabados pueden admirarse junto a piezas prehistóricas: presente y pasado integrados en una máquina del tiempo para viajar hasta la infancia del arte.