Ni parquímetros ni policías ponen coto a los 'gorrillas'
Un gorrilla el pasado viernes en los alrededores del Hospital Clínico. (Foto: JORGE PARÍS) JORGE PARÍS

Ni la "tolerancia cero" que prometió en 2003 el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ni la presión policial, ni la instalación de parquímetros, han logrado frenar la proliferación en la capital de aparcacoches ilegales, los gorrillas.

Incluso en las zonas controladas por parquímetros, donde los conductores ya deben pagar por aparcar, los gorrillas reciben su parte, como reconoce la propia Policía Municipal que ocurre en la almendra interior de la M-30.

Se trata, dicen, de un "fenómeno que fluctúa" según la estación del año; en invierno su presencia en las calles disminuye, mientras que en verano "florece".

En hospitales y parques

Esta "mendicidad encubierta" se sanciona con multas de 90 euros
La Policía no tiene contabilizadas las denuncias por esta "mendicidad encubierta", una falta que se sanciona con multas de 90 euros.

De lo que sí tiene constancia es de que su principal territorio está en el centro de la capital.

También se apostan en los alrededores del Ramón y Cajal, el Clínico y La Paz y en los parques del Retiro, Oeste y Casa de Campo, así como a las afueras de eventos deportivos.

Este fenómeno, sin embargo, no se ha extendido a ninguno de los otros grandes municipios de la región.

Según han denunciado varios lectores a 20 minutos a través de sus cartas, alguna vez se han sentido intimidados por estas personas que, en algunos casos, reaccionan de manera violenta y rayan los coches si no les dejan dinero.

"Ésos son los alcohólicos o los drogadictos, pero la mayoría no", respondía ayer Kadur, que ejerce de gorrilla en los alrededores del Hospital Clínico.

De 15 a 20 euros al día

  • Abdel. Argelino, 55 años, gorrilla en el Clínico: "Cualquier cosa, menos robar"

"Llegué a Madrid hace ocho años. La guerra me echó de mi país. Allí era comercial. Aquí no tengo nada, ni familia ni papeles ni trabajo. Por eso hago esto. Cualquier cosa menos robar. ¿Gorrilla? ¡Ja, ja, ja!, no sabía que nos llamaban así", afirma Abdel.

El argelino defiende que "nosotros no hacemos daño a nadie, ¿sabe? Y la gente es muy amable. El que quiere nos deja 50 céntimos o un euro y el que no, no deja nada. Yo estoy por aquí desde hace un año, aunque llevo ocho en Madrid. Cuando no encuentro nada que hacer vengo por las tardes al Clínico. Me gano como unos 15 o 20 euros al día".