... harto»
Sergio Romero.
No hace mucho que ha terminado de estudiar arte dramático, trabaja de dependiente en una gran superficie y hace poco participó en un corto con Lucía Jiménez y Luis Tosar.
Sergio, de sonrisa fácil y apasionado al cine y al teatro, se queja de que muchos piensen que ser actor es querer vivir del cuento. «Quiero que se conside- re mi profesión como otra cualquiera. No me gusta que la consideren especial ni que la infravaloren».

Huye del famoseo que hay en el mundo del cine: «Estoy harto de la frivolidad que hay en torno a la profesión. Se sobrevalora el trabajo de los actores, incluso económicamente. Ser actor no es salir en las revistas, es meterse en la piel de otra persona de la manera que al director se le antoje. En realidad, somos marionetas, no celebridades».

Sergio también encuentra superficialidad en la sociedad, en los programas de  televisión, en la calle, incluso en los políticos: «Enfrentarse y no estar de acuerdo por orgullo o cabezonería es una banalidad. Eso se traslada a la sociedad: nos encanta llevarnos mal y saltar a la mínima».

Madrid me gusta por:

La gente, que es natural.

Y me disgusta por:

Veo mucha tontería y tolerancia por tolerancia. Cualquier cosa vale.

Admiro a:

Chus Lampreave, quiero que sea mi madre y mi abuela.

No me gustan:

Los colaboradores de los programas del corazón.