Los forenses que practicaron la autopsia a Mónica Carrión, la joven de 18 años de Otura (Granada) que murió tras presuntamente recibir una brutal paliza de su novio el pasado 19 de julio de 2011, han confirmado que su cuerpo ingresó ya cadáver en el Hospital Clínico de Granada, adonde la llevó su presunto asesino y que presentaba más de 200 lesiones.

En la tercera sesión del juicio en la Audiencia de Granada contra Javier B.R., alias 'El murciano', que se enfrenta a una condena de hasta 25 años de prisión por asesinato, los forenses han explicado ante el jurado que la joven recibió golpes fundamentalmente en la cara, en la cabeza y en el cuello. En esta última zona, el impacto fue "mortal de necesidad", puesto que dañó el nervio vago, afectando a todo el organismo y provocándole una parada cardiaca, que probablemente hizo que falleciera "instantáneamente".

En la cabeza, el golpe se registró en el temporal derecho, que conllevó una fractura craneal y que, si bien no tiene por qué causar la muerte, sí que generó en la víctima un estado de "semiinconsciencia" que disminuyó sus facultades defensivas. En la cara, la joven presentaba un total de cinco golpes, en el denominado "triángulo de la muerte", entre las cejas y la barbilla, una zona en la que las lesiones son "altamente dolorosas".

Todos (aparte de las lesiones que encontraron de posible arrastre del cuerpo), se realizaron sin el empleo de un objeto contundente, y, según los expertos, se pudieron propinar con un "elemento blando e importante fuerza", como los bordes de la mano, un pie sin zapato, el antebrazo o la tibia (dando una patada). Mónica Carrión, que pesaba unos 50 kilos, no presentaba signos de defensa, ni "características autolesivas", de haberse autoinfligido daños, en contra de lo que sostuvo el acusado en la primera sesión del juicio.

Los forenses calculan que la joven falleció entre las 21,30 y las 22,00 horas del 19 de julio de 2011, con lo que ingresó ya muerta en el hospital, donde los médicos sin embargo intentaron reanimarla sin éxito. De hecho, la facultativa que atendió a Mónica a su llegada ha indicado ante el tribunal que la joven llegó fría, en parada cardiaca y sin "signos vitales" en ningún momento, y que fue "imposible" revertir su estado.

Por otra parte, el médico que se encargó del procesado, que llegó al hospital afirmando haber quedado inconsciente tras recibir un golpe en la cabeza, que aseguraba que le dolía, ha indicado que tan sólo presentaba una herida "superficial" sobre el ojo izquierdo que, según su experiencia laboral, "muy difícilmente" podría haberlo dejado sin sentido, como él afirmaba. De hecho, todo su estado general era óptimo, no tenía síntomas de haber ingerido alcohol o drogas y no hubo nada que hiciera sospechar al médico que presentara lesiones de importancia.

En la sesión de este miércoles también han comparecido en calidad de peritos dos policías locales expertos en artes marciales como 'kick-boxing' o 'full contact', disciplinas que el procesado practicaba en un gimnasio de Otura, según declaró su propietario. Han señalado que en la práctica de estas artes, "lo primero" que se aprende es a "dar patadas seguidas" con la tibia, principalmente en el 'kick-boxing', y después a dar "golpes fuertes y potentes" con los puños, como en el boxeo, para anular al contrincante en un combate. Según la opinión de estos especialistas, el golpe que Mónica recibió en la parte temporal derecha y en el cuello se realizó "casi con toda seguridad" con la tibia, de una o varias patadas.

El juicio está previsto que concluya este jueves, con la lectura de las conclusiones y los informes de las partes personadas —además de la Fiscalía, la defensa y la acusación particular, las acusaciones populares de la Abogacía del Estado, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Otura—, con lo que el jurado podría hacer público su veredicto de culpabilidad o no culpabilidad el próximo viernes.

El acusado manifestó en la primera sesión del juicio que ella se "autolesionó" aunque admitió que le propinó varios golpes, sin especificar cuántos, apuntando que la agresión fue mutua, y que no fue consciente de la gravedad de las heridas que su pareja presentaba hasta que llegó casi sin respiración al Hospital Clínico de Granada.

Acusación de la fiscalía

Además de la pena de cárcel, el Ministerio Público solicita para el acusado el pago de indemnizaciones de 252.000 euros para sus familiares, mientras que la familia de la joven, personada en el caso como acusación particular, pide una pena similar para el presunto asesino, de 23 años de prisión por el mismo delito, y con las agravantes de parentesco, alevosía y ensañamiento, teniendo en cuenta que el informe forense desveló que sufrió más de 200 lesiones, e indemnizaciones de 190.000 euros para los padres y los hermanos de la fallecida y una orden de alejamiento por un periodo de 33 años.

La defensa, por su parte, sostiene que el inculpado actuó bajo los efectos de las drogas y del alcohol, movido por el "arrebato y la obcecación", que le llevó a pensar que los dos habían sido víctimas de una banda armada, y que intentó auxiliar a la joven llevándola al hospital cuando se percató de que estaba grave, por lo que solicita que se le imponga una condena de cinco años de prisión por un delito de homicidio con la concurrencia de esas tres circunstancias atenuantes.

Según el fiscal, la tarde del martes día 19 de julio de 2011, pasadas las 16,00 horas, y después de que el inculpado terminara su jornada laboral como camarero en el bar 'Cubo', propiedad del padre de Mónica, se dirigió a bordo de un coche hacia la casa de su novia con la finalidad de trasladarla a la autoescuela, donde estaba recibiendo clases. Se la encontró a mitad de camino, y ella se subió al coche, con el que ambos se desplazaron hacia las inmediaciones un campo de golf donde permanecieron el resto de la tarde. Llegada la noche, siendo aproximadamente las 21,00 horas, decidieron retornar, y accedieron a una zona despoblada.

Una vez allí y dentro del coche, el joven y su novia comenzaron una discusión, en el transcurso de la cual, el inculpado, "actuando guiado por un claro y manifiesto propósito de acabar con la vida de Mónica, y valiéndose de sus conocimientos derivados de la práctica de artes marciales, comenzó a golpearla en la cabeza y en la cara, arañándola por el cuerpo, para acto seguido, estando Mónica fuera del coche, valerse de algún objeto contundente para "golpearla nuevamente" y darle aún más puñetazos.

Provocó de esta forma que Mónica se desplomase en el suelo donde, pese a observar que le costaba mantener la respiración, el novio la dejó tumbada, y retornó al coche, desde donde escuchaba cómo la chica, "agonizante", le decía "te quiero, te quiero mucho". Transcurridos unos minutos, la subió en la parte trasera del mismo y la trasladó hacia el Hospital Clínico de la capital granadina, donde llegó a fallecer a los escasos minutos de ingresar.

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