Más de 50.000 personas, según cifras oficiales, volvieron este martes a ocupar las calles de Sao Paulo y Río de Janeiro, tras más de diez días de protestas ininterrumpidas por el descontento social en Brasil.

Tras las masivas marchas de este lunes, que transcurrieron sin incidentes en casi una veintena de ciudades, la confrontación con la policía ha vuelto un día después a las calles, según informa la cadena Globo y el diario Folha de Sao Paulo, que aseguran que hay al menos 60 detenidos, algunos de ellos pillados "in fraganti" atacando locales comerciales.

Las protestas se han extendido hasta este miércoles por la mañana, cuando integrantes del MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo) ha cortado una carretera y ha intentado invadir la subprefeitura de Boi Mirim, al sur de Sao Paulo.

El martes por la noche, grupos de manifestantes intentaron invadir el Ayuntamiento de Sao paulo, cuyos guardias se vieron obigados a refugiarse en el edificio, cuenta la Folha.

Además, se produjeron numerosos saqueos, se incendiaron vehículos y un panel publicitario de la Copa Confederaciones, entre otros destrozos, que incluyen sucursales bancarias y bares. Los manifestantes también incendiaron un vehículo de la cadena de televisión Record y uno de la policía, además de bloquear al menos una avenida en el centro de la ciudad y saquear varios comercios.

El grupo principal intentó sin éxito calmar a los violentos, uno de los cuales cargaba un lanzallamas. Finalmente, los agentes antidisturbios salieron a la calle y utilizaron gases lacrimógenos.

Las protestas, que comenzaron por la subida de las tarifas de transporte pero que han salpicado a las inversiones realizadas para la Copa Confederaciones y el Mundial de 2014,  continúan a pesar de que la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ha afirmado que "la voz de la calle tiene que ser escuchada" y que los 'indignados' brasileños han "enviado un mensaje directo a los gobernantes".

También los expresidentes Lula y Fernando Henrique Cardoso han expresado su respeto por las protestas.

Una veintena de ciudades han decidido reducir las tarifas del transporte, aunque este no es el caso de Sao Paulo. El alcalde se ha reunido este martes con el Movimiento Passe Livre, que convocó las primeras protestas, y ha asegurado que buscará alternativas.

La mayor movilización en 20 años

La de este lunes fue la mayor movilización en más de 20 años, y había tomado un carácter simbólico a favor del derecho pacífico de manifestación, tras la violenta actuación policial que se vivió la semana pasada.

El lunes, en São Paulo, al menos 65.000 manifestantes -según cifras oficiales, 250.000 según otros medios locales- recorrieron en varios grupos las principales avenidas de la ciudad, sin que se informara de ningún incidente violento durante más de 5 horas de marcha.

Los antidisturbios no habían sido convocados y el Gobernador había anunciado que no habría cargas con pelotas de goma ni gases lacrimógenos: "Qué coincidencia, sin policía no hay violencia", gritaban los manifestantes.

Solo al final de la noche, un grupo llegó hasta la sede del Gobierno de regional y derribó la puerta, tras lo que fueron dispersados por la policía.

Otras sedes gubernamentales sufrieron tentativas de invasión, como el Congreso Nacional en Brasilia, cuya fachada fue ocupada por los manifestantes, y la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.

La ola de protestas comenzó hace más de diez días en Sao Paulo, inicialmente motivada por el aumento del precio del transporte público. Las reivindicaciones se ampliaron a otros asuntos que son queja unánime entre la sociedad brasileña, como la deficiente calidad de los servicios públicos y la corrupción.  Pero el grueso de la opinión pública pedía mano dura contra los manifestantes, que habían protagonizado numerosos actos vandálicos.

Solo la dura represión policial del pasado jueves y las masivas manifestaciones pacíficas de este lunes consiguieron cambiar en cierta medida la imagen de "gamberros" que de los manifestantes tenía casi la mitad de la población.

Denuncian infiltrados

Numerosos activistas y simpatizantes del movimiento han alertado en las redes sociales de posibles intervenciones de infiltrados que pretenden 'reventar' las manifestaciones pacíficas para debilitar al movimiento o para "reorientarlo" políticamente -el alcalde de Sao Paulo pertenece al PT, partido de la presidenta Dilma Rousseff-.

En este sentido, la revista Forum sugería que un violento manifestante "fuerte como de gimnasio, de cabello corto y vestido de blanco" podría ser uno de esos supuestos infiltrados.

La semana pasada, las imágenes de la 'tropa de choque' (antidisturbios), gaseando manifestantes y viandantes, disparando pelotas de goma indiscriminadamente y atacando y deteniendo periodistas, dieron la vuelta al mundo y ocuparon las portadas de los medios internacionales.