Acueducto de Segovia
El monumental acueducto romano, símbolo de la ciudad. FLICKR/Rubenbike

La dominación romana de la Península Ibérica duró siete siglos, desde el 218 a.C. –fecha del desembarco romano en Ampurias– hasta el inicio del siglo V –llegada de los visigodos–. Roma tomó posesión de sus territorios fundando ciudades y sobre todo transformando a su paso lo que se encontró. La romanización dio muchos frutos. Hispania se llenó de ciudades, murallas, templos, termas y teatros.

De ese inmenso patrimonio nos ha llegado una parte pequeña pero expresiva. Hoy sabemos de la grandeza romana por los espléndidos monumentos que nos dejaron. No estaban "locos estos romanos".

Segovia
Uno de los grandes iconos romanos de la península es el Acueducto de Segovia, que traía el agua del manantial de la Fuenfría hasta la ciudad –15 km de distancia– y que ha funcionado hasta no hace mucho. Desde la plaza de Díaz Sanz, donde cambia de dirección hacia la del Azoguejo, el acueducto cobra su dimensión con dos monumentales filas de arcos superpuestos.

Las ruinas de Segóbriga, anfiteatro incluido, son las más desconocidasEn este punto su altura alcanza los 28,5 metros y su compleja estructura cuenta 167 arcos. Y si impresiona su altura más lo hace el hecho de que el Acueducto de Segovia no se mantenga en pie por la magia de argamasa alguna. Sus más de 20.000 bloques de granito se sostienen tan sólo por la gravedad, sin ningún tipo de cemento.

Mérida (Emerita Augusta)
La ciudad de Mérida conserva redes hidráulicas, puentes, teatro, anfiteatro y circo, además del Arco de Trajano o la Casa del Mitreo. Cuenta con dos templos, el de Diana y el dedicado a Marte, reconvertido en iglesia. A las afueras, el espectacular Acueducto de los Milagros, de ladrillo y granito.

Tarragona (Tarraco)
Tarragona es una de las ciudades del mundo (fuera de Italia) donde podemos apreciar la grandiosidad de la civilización romana. Sus monumentos y construcciones están consideradas de los mejor conservadas del mundo. Por algo el emperador Augusto hizo de ella su hogar.

Impresionan las murallas del Paseo Arqueológico que rodean el Casco Antiguo –solo se conservan 4 kilómetros originales–. En ellas sigue en pie el Portal de San Antonio, única puerta original de la fortificación. Junto al mar, un anfiteatro que albergó batallas de gladiadores y un circo que vio carreras de cuadrigas.

El de Santiponce fue uno de los anfiteatros más grandes del imperioEn las afueras de la ciudad no hay que dejar de ver el acueducto del Puente del Diablo, el arco de Bará y la Torre de los Escipiones.
 
Cuenca, Segóbriga
Otro de los anfiteatros romanos existentes en España es el de Segóbriga, situado en el término municipal de Saelices (Cuenca). Con capacidad para 6.000 espectadores, se utilizó para su función original hasta el siglo III, para convertirse en almacén agrícola posteriormente. En el siglo XVII sirvió de cantera para la construcción del cercano monasterio de Uclés.

Sevilla, Itálica
El de Itálica, en Santiponce (Sevilla) completa la nómina de anfiteatros romanos que mejor se conservan en España. Fue uno de los anfiteatros más grandes del imperio, con capacidad para 25.000 espectadores.

Itálica fue la fundación romana más antigua de la Península Ibérica. Aquí nacieron emperadores de Roma como Adriano y Trajano. Se divide en dos zonas: la Ciudad Vieja, dentro de Santiponce, y la ampliación de la Ciudad Nueva, fuera del núcleo urbano.

Astorga (Asturica Augusta)
Los romanos se instalaron aquí para explotar el oro de sus cercanas minas. De aquel tiempo quedan las ruinas del foro, las termas, algunas redes de saneamiento, pavimentos con mosaicos y la Ergástula, un enorme pórtico abovedado, reconvertido ahora en museo romano.

Fuente: Guía Repsol. Rutas, mapas, restaurantes … ¡Planifica con nosotros tu viaje!