Hombre durmiendo
Los trastornos del sueño pueden tener graves consecuencias. WIKIMEDIA/CHAD FITZ

A los trastornos del sueño no solemos darles la importancia que tienen. Dormir mal, de manera irregular, no es algo anecdótico sino un síntoma de nuestro estado de salud. De hecho, los problemas durante el sueño pueden ser los primeros indicadores de problemas neurológicos serios.

Lo asegura Claudio L. Bassetti, presidente de la Sociedad Neurológica Europea, que estos días celebra su congreso en Barcelona. El doctor advierte que a menudo estos trastornos se ignoran aunque sean muy frecuentes. Al contrario, deben ser tomados muy en cuenta.

Juegan un papel en la detección temprana de enfermedades neurológicasBassetti asegura que los problemas del sueño, que habitualmente se pueden tratar, juegan un papel en la detección temprana de algunas enfermedades neurológicas, papel que a menudo se subestima.

Estudios internacionales demuestran que dos tercios de todas las personas que sufren trastornos del sueño REM –la fase más profunda del sueño– llegan a sufrir párkinson, demencia con cuerpos de Lewy o atrofia multisistémica.

Además, las señales de la calidad del sueño también permiten predecir si los trastornos neurológicos mejorarán o empeorarán con el tiempo, según el doctor Bassetti, quien explica que el sueño juega un importante papel en los procesos de reparación del cerebro y en la neuroplasticidad.

La calidad del sueño permite predecir si el trastorno neurológico mejoraráSegún el presidente de la Sociedad Neurológica Europea, es lógico que un patrón alterado del sueño tenga un efecto desfavorable a la hora de que un paciente se recupere de trastornos neurológicos y así, presumiblemente, también en la predicción de las enfermedades.

También ha explicado que durante mucho tiempo se ha sabido que los problemas del sueño pueden influir de forma negativa en el curso de la apoplejía cerebral, pero que hasta ahora no se ha confirmado con estudios.

Un estudio presentado en Barcelona constata que los pacientes que presentan una reducción en el sueño REM en los primeros tres meses posteriores a una apoplejía tienen una recuperación a corto y largo plazo peor del suceso, y que esta vinculación es independiente de la severidad de lo ocurrido.