Fabes con almejas
En Asturias comen fabes con almejas en pleno mes de agosto. FLICKR/jlastras

Las legumbres tienen mala imagen. Los más jóvenes de la casa las consideran un alimento de otro tiempo. Y sin embargo son una parte fundamental de la buena dieta, de la dieta mediterránea. De hecho, habría que comer legumbres al menos dos veces por semana.

Inmaculada Gil, médico de Medicina Familiar y Comunitaria, reconoce que la proteína vegetal de las legumbres no es tan completa como la de la carne, pero afirma que si la combinamos con cereales "podemos conseguir una proteína de alta calidad, baja en grasas saturadas y con muchos más beneficios para la salud".

El valor calórico de las legumbres es de 300 kcal por cada 100 gramos, con un gran aporte de vitaminas, minerales y fibra soluble. Y sus beneficios muchos:

  • Previenen la cardiopatía isquémica
  • Ayudan a mantener el peso
  • Mejoran la glucemia
  • Mejoran la presión arterial
  • Ayudan a ir al baño
  • Previenen el cáncer de colon

Según los expertos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), los niños, ancianos y enfermos son las personas que más aporte energético necesitan, motivo por el cual es recomendable que tengan incluidas en su dieta semanal entre dos y cuatro raciones de legumbres.

En la infancia, el cuerpo necesita más energía para cubrir la demanda del crecimientoA juicio de la profesora asociado de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y endocrinóloga del Doce de Octubre, la doctora María Ángeles Valero Zanuy, las necesidades de energía durante la edad adulta se mantienen "relativamente constantes", sólo variándose en función del ejercicio físico. Sin embargo, durante la infancia, debido al crecimiento y maduración del organismo, "el cuerpo necesita más energía para cubrir esta demanda, especialmente durante la pubertad", explica.

En la misma línea se muestra el endocrinólogo del Complejo Asistencial Universitario de León, el doctor Alfonso Vidal, con respecto a los ancianos, ya que para éstos, aumentar el consumo de proteínas, "ayuda a conservar mejor su fuerza". No obstante, sostiene que, "con frecuencia, su consumo está reducido por diversas causas". Entre ellas, señala "los cambios en el apetito, los problemas con la masticación, las alteraciones de la memoria, o las situaciones económicas desfavorables".

En relación a los procesos de enfermedad, ambos expertos coinciden en indicar que los pacientes necesitan un mayor aporte energético "que compense la demanda de la patología", y es que, el cuerpo humano utiliza las proteínas "como combustible para las defensas del organismo y para fabricar señales que regulan la inflamación".

Por ello, cuando la enfermedad es grave, es posible que el aporte de estas deba aumentarse entre un 20 y un 50%. Además, aconsejan incorporar lácteos en los desayunos y en los postres, "e intentar que no falten alimentos como el huevo, la carne y los pescados".