Los dos individuos de 25 y 39 años acusados de asfixiar a un anciano hasta matarlo, tras previamente haber mantenido relaciones sexuales en el domicilio de la víctima en Molina de Segura, para los que el Ministerio Fiscal ha pedido penas que suman 50 años de cárcel, niegan los hechos, se culpan de lo ocurrido y aseguran temer el uno por el otro, bien por la violencia de uno o bien porque el otro estaba bajo los efectos de la droga.

Ambos, acusados también de un delito de robo con violencia al apoderarse de objetos de valor que el anciano, aficionado a las antigüedades, tenía en su casa por importe de 2.100 euros, defienden que nunca se planeó matarlo.

En concreto, el joven de 25 años, P.J.R.B., alias Alberto, ha declarado tras casi dos horas a preguntas del Ministerio Fiscal, abogados acusación, letrado del otro acusado y el suyo propio, que "hasta el día de hoy" se ha sentido amenazado por el otro acusado, de nacionalidad italiana, que le obligó a participar, "me dijo que si no le ayudaba, me mataría y quemaría la casa con el hombre —anciano— y conmigo dentro", pero "yo no le maté", tampoco, ha indicado, mantuvo relaciones sexuales.

Ha mencionado unas cartas amenazantes, aunque éstas no se han presentado como pruebas y afirmado que se sentía "totalmente arrepentido" y que nunca hubiera ido a la casa del fallecido "de haberlo sabido, no se planeó", así como que se había enamorado del italiano porque "era muy gracioso cuando estaba de fiesta", al que conoció tres días antes en una discoteca.

Según su relato de los hechos, quedaron en la estación de Molina, fueron a un cafetería, para unas horas más tarde subir a la vivienda del anciano, que no conocía. Después de una breve conversación entre los tres en el salón, el italiano y el hombre "se marcharon a la habitación", mientras el se quedó en el balcón fumando, "una media hora después", Ronnie le llamaba a gritos, "fui y lo encontré encima del hombre y a éste boca arriba, desnudo".

Posteriormente, ha apuntado que se desplazaron a la cocina donde discutieron, y Ronnie le amenazó, le cogió del cuello y le dijo que si no le ayudaba le mataría también a él, "intenté escapar pero no pude, cerró la puerta con llave, supongo que cuando fue al baño".

Pedro, alias Alberto, ha asegurado que consumía "eventualmente" cocaína y sucedáneos "los fines de semana" y que ese lunes, "no había consumido nada", que volvió a la habitación, tras coger una bolsa de plástico, con la que el otro acusado tapó la cara al fallecido, que éste "aún estaba vivo", y después de darle varios golpes en la nuez.

Luego, ha continuado, "le quitó el reloj, un anillo, 50 euros de la camisa" y vasijas de plata que metió en un macuto que había traído, y se marcharon en taxi a la casa que el italiano tenía alquilada en Murcia.

De allí, cogieron un taxi a Alicante y un tren a Barcelona, "no pude huir ni llamar a nadie, iba coaccionado y amenazado", ha insistido el acusado, nervioso, al tiempo que ha afirmado que el italiano vendió el anillo del anciano y le dio la mitad de la venta, 35 euros, "no me quedé con ningún objeto ni robé nada de la casa", ha enfatizado en su declaración.

Al día siguiente, el 12 de mayo de 2010, regresó a Murcia, recibiendo a lo largo de los meses varias llamadas de Ronnie, quien le preguntaba si había salido algo en los periódicos y le animaba a que regresara a Barcelona, "si quieres ganar dinero", porque "en Murcia no hay nada, no se come".

"Tenía miedo a ir", ha añadido Pedro a preguntas de su abogado, Mariano Bo, porque es "muy violento", y según le cuenta, "drogaba a la gente e incluso les golpeaba y llevaba a su casa para robarles".

En las conversaciones telefónicas, que fueron grabadas y han sido puestas durante el juicio, los acusados hablan de una pena de 25 años si los cogen, el italiano le dice que no hable con nadie, "eso nunca pasó", algo que no ha sabido aclarar bien el joven, quien, al parecer advirtió al otro acusado que había una investigación abierta por las huellas dactilares pero que no había salido nada en los periódicos.

Un plan ideado por un tercero

Por su parte, el acusado de 39 años, R.M., que ha declinado contestar a las preguntas de la fiscal, Arancha Morales, del abogado de la acusación, Evaristo Llanos y del letrado de P.J., ha indicado que fue el joven quien sujetó las manos al anciano y apretó la bolsa, así como que después de mantener relaciones sexuales con el hombre, se fue al aseo y que cuando regresó "ya estaba muerto".

"Nunca se habló de matarlo", ha afirmado también él, tras apuntar que en la casa del anciano había más gente, un hombre de origen magrebí, —que ha sido citado pero está desaparecido— y un tal Alejandro, que declarará este jueves, "y que fue el que lo ideó todo" y quien le presentó a P.J. en una discoteca, "ellos eran amigos".

"Alejandro me llamó y me dijo que tenía que robar a Joaquín, que le abriera la puerta cuando estuviéramos en el piso", en la casa "había más gente", y, ha resaltado, "no he asustado en ningún momento a Pedro", de hecho, "yo le tenía miedo porque estaba sometido a las drogas".

Ronnie ha señalado, por último, que vino a Murcia de Barcelona y durante 15 días por amenazas de la mafia rusa, que mató a su novio, "y a mantener sexo".

Tras la declaración de los acusados, ha tenido lugar la videoconferencia de un agente de la Policía Nacional de Barcelona, que participó en el registro de un trastero donde se hallaron móviles, un marco suelto, un lienzo, joyas, collares, anillos "y el ticket de venta de una pieza de joya".

El juicio continuará este jueves, a las 10.30 horas, en la sección tercera de la Audiencia Provincial, con la declaración, supuestamente, de Alejandro y los forenses. El viernes, será el turno de los agentes de la Policía Nacional y los peritos.

Los hechos

Los hechos, según las conclusiones provisionales del fiscal, ocurrieron el 10 de mayo de 2010. La víctima, divorciada desde hacía 32 años, vivía sola en Molina y meses antes había conocido a los procesados, P.J.R.B. y R.M., con los que entabló una relación de amistad y con los que mantenía frecuentes relaciones sexuales a cambio de pequeñas cantidades y regalos que les entregaba.

El 10 de mayo los dos procesados idearon un plan "con ánimo de evidente lucro", personándose sobre las 20.30 horas en el domicilio de la víctima para "ejecutar su lucrativo plan".

Con la "excusa" de mantener relaciones sexuales, los tres se desplazaron al dormitorio de la víctima, con la diferencia este día de que la víctima, que por su avanzada edad y situación de enfermedad lleva consigo un dispositivo de teleasistencia que nunca se quitaba, se lo descolgó del cuello "ante la insistencia" de R.M., que lo convenció con "la finalidad de dejarlo desasistido y sin ninguna posibilidad de solicitar auxilio".

Tras mantener los tres relaciones sexuales, R.M. se subió encima de la víctima y P.J. le sujetó mientras las manos, aprovechando R.M. para "propinarle diversos golpes hasta que quedó inconsciente". Posteriormente, P.J. suministró una bolsa de plástico que previamente había cogido de la cocina "en ejecución del plan trazado" y se la entregó a R.M., "que se la puso en la cabeza hasta que le provocó la muerte por asfixia".

Instantes después, los dos procesados se apoderaron de dos cuadros, bordados con hilo de plata, oro y piedras, un cuadro de inferior tamaño con un arlequín pintado, bandejas de plata, un anillo de oro blanco con un brillante, el reloj y 100 euros que portaba a víctima.

La víctima de 75 años, según el informe, sufrió lesiones que le produjeron una asfixia mecánica que le produjo una anoxia encefálica responsable de la muerte.

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