Regalos Samaral, cerrada
Local cerrado que albergaba la tienda tradicional de regalos Samaral, en el número 7 de la Gran Vía. JORGE PARÍS

"Esto ya no es la Gran Vía de antes, la del cine, el restaurante y la tienda de renombre. La arteria ha perdido toda su personalidad: ya no se diferencia mucho de cualquier centro comercial de la periferia". Así habla Florencio Delgado, presidente de la Asociación de Empresarios de la Gran Vía. Pero también comparten su visión arquitectos y urbanistas como Francisco Herrera (de la Fundación para el Progreso de Madrid). Para entender a qué se refieren basta con recorrer la Gran Vía: de sus 198 locales comerciales, 25 están cerrados en este momento (el 12%). En 2012, según estudios de la consultora Ascana, los establecimientos vacíos llegaban solo al 6%. Además, solo quedan 13 referentes del comercio tradicional, según datos de los comerciantes, comprobados in situ por 20 minutos. El resto de la avenida ha sido engullida por las franquicias de comida rápida, las grandes superficies de ropa y las impersonales tiendas de souvenirs.

Se están aposentando las bocadillerías, grandes marcas de ropa y tiendas de souvenirsEntre los comercios cerrados, hay tiendas que llevaban abiertas desde mediados del siglo XX, como Regalos Samaral. Otras, también tradicionales, están liquidando sus artículos, como Tapicerías Peña. También tienen la persiana bajada inmuebles que albergaban salas de espectáculos: los cines Rex o el Palacio de la Música. Este último se iba a reabrir como auditorio, pero la operación fracasó por la crisis de Bankia y ahora podría convertirse en una gran superficie textil. Otro negocio emblemático de la avenida, Doña Manolita, se mudó recientemente a una calle próxima, pero más barata.

"A la Gran Vía le salva que tiene un tráfico peatonal muy grande y mucho tirón comercial. Pero el estilo de negocio ha cambiado radicalmente: se marchan los comercios tradicionales y originales que ofrecen algo distinto, mientras se están aposentando las franquicias, las bocadillerías, los locales de comida rápida, las grandes marcas de ropa y las tiendas de souvenirs", lamenta Delgado.

En su opinión, esta sustitución de tiendas típicas por grandes cadenas tiene dos causas: el elevado precio del metro cuadrado en la Gran Vía y la liberalización de horarios comerciales. "Un negocio familiar no puede pagar semejante alquiler ni abrir todos los días. Solo beneficia a las grandes superficies. Nos han dado la puntilla", denuncia el representante de los comerciantes. En efecto, el precio del suelo en la arteria es de los más elevados de Madrid, y no deja de subir. El metro cuadrado de un local comercial costaba 184 euros al mes en 2012, según el último Informe de Mercado de la consultora Ascana. Este precio supone un 5% más que en 2011 (cuando estaba a 175 euros) y un 22,6% más que en 2008 (150 €/m2 al mes). Con esos valores, solo pueden acceder al alquiler o compra de un local las grandes empresas. "Se ha revalorizado tanto que la pequeña camisería, por poner un ejemplo, prefiere vender; y el único que lo puede comprar es el grande", apunta el urbanista Francisco Herrera.

"Delincuencia y prostitución"

La irrupción de las franquicias y la perdida del comercio típico es una mala noticia para los urbanistas. "En las grandes ciudades, las zonas históricas están teniendo una elevada presencia de grandes marcas. Es un fenómeno universal, que convierte a las ciudades en calcos de otras", señala Herrera. Aunque el experto advierte de que en la Gran Vía hay un problema añadido: "La calle se ha deteriorado como arteria de primer orden y señorial. A la crisis, aquí se une la alta concentración de delincuencia y prostitución, lo que crea un espacio urbano de baja calidad".

Hay que recuperar el tejido comercial y devolverle su lugar de referencia culturalY todo ello a pesar de la campaña de imagen que lideró el Ayuntamiento de Madrid con motivo del centenario de la Gran Vía, celebrado en 2012. Los expertos consideran que las administraciones "no aprovecharon la ocasión para repensar la avenida; se debería haber apostado por proyectos novedosos de reforma, recuperación del tejido comercial y devolver a la zona su referencia cultural y urbanística". De los 13 cines que llegó a tener la Gran Vía, hoy solo quedan tres. Su papel como eje comercial se ha trasladado a los grandes centros de la periferia o, en el caso del lujo, al área de la Milla de Oro. Y como zona de paseo ha perdido fuerza frente a Serrano o Madrid Río.

En 2010, el Colegio de Arquitectos lanzó un concurso de ideas con el objetivo de devolver su esplendor a la Gran Vía. Sin embargo, el Ayuntamiento trató aquella iniciativa como un mero ejercicio de simulación urbanística. Entre las ideas presentadas, se proponía soterrar el tráfico y crear un ancho bulevar, reutilizar las azoteas plantando jardines en ellas o convertir la avenida en un escenario para actos públicos. En cualquier caso, el Consistorio de la capital tomó medidas para rehabilitar las calles traseras de la Gran Vía, como el fomento de los locales de moda o la instalación de terrazas en las plazas para ahuyentar a las prostitutas.

Consulta aquí más noticias de Madrid.