Roy, el líder de los replicantes en 'Blade Runner'.
Roy, el líder de los replicantes en 'Blade Runner'. ARCHIVO

Ya antes de que existiera una palabra para definirlos, los robots estaban en el cine. El dramaturgo checo Karel Capek fue quien, en una obra de teatro de 1920, utilizó por primera vez la palabra robot para definir a unas criaturas mecánicas con forma humana, pero el celuloide ya los había retratado en alguna que otra pesadilla futurista como Houdini: The Master Mistery (1919) o The Mechanical Man (1921).Robot procede de robota, que significa servidumbre o esclavitud en checo, y es cierto que estas máquinas han trabajado mucho en la gran pantalla.

Vistos en múltiples ocasiones como criaturas amenazadoras y desalmadas, los robots han representado en el cine el temor de los frágiles humanos a las máquinas y la tecnología, al progreso y la deshumanización. Pero el cine es mucho y muy grande, y también ha sabido retratar a los robots con ternura y amor, admiración, respeto e incluso a veces, envidia.

"He visto cosas que vosotros no creeriais", le decía un celestial androide a su humano ejecutor en Blade Runner. "No se preocupe por el Amo Luke", decía C3PO en La Guerra de las Galaxias, "estoy seguro de que estará bien. Es bastante listo... Para ser un humano". Y David, el niño robot de Inteligencia Artificial, corroboraba que las máquinas tienen su corazoncito al preguntar a su madre humana "¿por qué quieres abandonarme? Perdóname por no ser de verdad... Si me dejas, ¡seré muy real para ti!".

Inteligentes o encantadores, tiernos o, es verdad, demoniacos, el cine está lleno de inolvidables robots. Atrévamonos, en una vuelta de tuerca, a recordar unos cuantos: se admiten sugerencias porque, eso es seguro, todos hemos soñado alguna vez con nuestro robot favorito.

Alien.Perdón por comenzar con un spoiler: Ash, uno de los imperturbables pasajeros de la descomunal Alien, era un robot. Un robot con propósitos perversos: hacer todo lo posible para que el terrorífico alienígena de la película entrara en la nave espacial Nostromo y así pudiera ser recuperado por los humanos. Para colmo, intentaba asesinar a la heroína Ripley con una revista pornográfica: tendría, eso sí, su justo castigo en el transcurso de la película.

  • Roy (Blade Runner)

Roy era más y mejor que cualquier humano, pero eso no le salvo de perderse en el tiempo como lágrimas en la lluviaPodríamos habernos quedado con la bella Zhora, la tierna Pris o el despiadado Leon, algunos de los inolvidables replicantes de Blade Runner. Pero Roy era, desde luego, el más carismático. 'El hijo pródigo', como le llamaba el creador de estas máquina: el personaje de Rutger Hauer era más y mejor que cualquier humano, pero eso no le salvó, como a todos nosotros, de perderse en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Era hora de morir.

Cortocircuito.Los robots también pueden ser simpáticos. En unos años de entusiasmo por la tecnología, Cortocircuito supo dirigirse al público infantil y ser número uno en las taquillas de medio mundo contando la historia de una máquina concebida para el ejército que, tras un chispazo, se transformaba en inocente y simpática. Primo hermano de E.T., Número 5 acariciaba mariposas y veía la televisión, protagonizó una secuela y, se dice, es candidato a uno de los frecuentes remakes con los que Hollywood revisita los años ochenta.

Toda la ternura del mundo cabía en el enorme robot protagonista de un clásico del cine de animación. Ambientada en la paranoica década de los cincuenta, El gigante de hierro se ponía del lado del extranjero, del recién llegado, del desconocido. Su director, Brad Bird, ha hecho carrera en el cine: criado en Disney, dirigió después para Pixar Los increíbles y Ratatouille, y se ha convertido en una referencia del mejor Hollywood con secuelas tan dignas como Misión Imposible: Protocolo Fantasma.

¿Una bonita película de robots hecha en España? Sí: Eva. Dirigida por el debutante Kike Maíllo, Eva no necesitaba de grandes efectos especiales ni cientos de millones de dólares para situarnos en un futuro creíble, familiar y repleto de robots. Max era uno de ellos: un mayordomo entusiasta y repeinado encarnado por Lluis Homar, que obtuvo por este trabajo su primera candidatura a los Goya.

DavidSí: a Steven Spielberg se le fue la cabeza. Concebida por Stanley Kubrick, Spielberg heredó la tarea de hacer el Pinocho del S.XXI, de filosofar y enternecernos con la desesperada historia del niño robot que sueña ser humano. Harry Joel Osment, el protagonista de El Sexto Sentido, volvió a bordarlo, y Spielberg supo rodearle de otras criaturas entrañables como el Gigolo Joe de Jude Law. El delirante final dividió opiniones y provocó amor y odio, pero nadie puede poner en duda la humanidad e inocencia del pequeño robot protagonista.

Remezclada, digitalizada y recuperada cíclicamente, Metropolis es una de las cumbres del Séptimo Arte, una joya de una época tan decisiva en la historia del cine como el expresionismo. Profética en ocasiones, algo pueril en otras, Metropolis hablaba del futuro, y en él no podía faltar un robot, en este caso femenino, capaz de llevar a la rebelión a las clases oprimidas y poco después encargado de esparcir el mal por la tierra. La falsa María (la buena era la humana), eso es seguro, sobrevive como icono: metálica y aterradora, escenas como la de su transformación anticipan mucho del mejor cine que se haya rodado después.

Robby.Aunque algo gordinflón (su figura se asemeja a la del muñeco de Michelín) e inequívocamente retro (su cabeza parece la parte de atrás de una radio de los años 50), Robby es uno de los grandes robots de la historia del cine. Desfiló por varias películas, pero fue gracias a Forbidden Planet, obra de culto en el género de la ciencia ficción, por lo que se convirtió en leyenda cinematográfica. Hablaba 187 idiomas y era experto en ingeniería molecular, pero los humanos y en particular su dueño, el doctor Edward Morbious, apenas le veían más que como un enorme, obediente, aparatoso y obediente mayordomo.

El cerebro de un humano... Encerrado en una metálica máquina de matar. O no: en realidad, el policía acribillado a balazos en el aterrador Detroit del futuro no era más que un propósito de maquillar el brutal comportamiento de las fuerzas del orden, pero los emergentes recuerdos de su pasado le terminaban llevando a enfrentarse a los que le habían creado. Como en todo el cine de Paul Verhoeven, hay muchas capas en la película, casi tantos como momentos fascinantes en su metraje. Además de Robocop, destacar al robot averiado que, tras pedir al político en varias ocasiones que arrojara el arma, termina destrozándole a balazos.

  • C3PO y R2D2 (La Guerra de las Galaxias)

C3PO y RD2D contemplaban los disparates humanos con dignidad y humor, pero siempre estaban dispuestos a echar una manoComo al Gordo y el Flaco, es imposible separarlos. La inagotable imaginería de la primera trilogía de La Guerra de las Galaxias está llena de robots (hasta el infaltable Darth Vader era, en su mayor parte, una criatura mecánica), pero la idea de convertir a los dos personajes más graciosos de la trama a dos robots es uno más de los irrepetibles aciertos de la película. C3PO era cobarde y dorado, R2D2 intrépido y diminuto: ambos contemplaban los disparates humanos con una dignidad insolente y, si era preciso, siempre estaban dispuestos a echar una mano a sus amigos de carne y hueso.

Pero no: todos sabemos que no todos los robots son buenos. Aquí, además, no es que los hayan programado mal, sino que terminaron siendo tan inteligentes que decidieron independizarse y acabar con los humanos. En la futura guerra entre máquinas y humanos (será en 2029), incluso decidirán (hace falta ser perverso) enviar a uno de los suyos al pasado para asesinar al líder de las personas. Ese era el T-800, uno de los papeles que convirtieron a Arnold Schwarzenegger en leyenda. En la secuela, incluso más divertida que la original, el malo era el T-1000, un terminator líquido que representaba toda la naciente magia de la animación por ordenador y que se proclamaba como uno de los villanos más terroríficos e implacables de la historia.

GortEs uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción: Ultimátum a la Tierra, además de una película sobre alienígenas, era una llamada a la pacificación y el entendimiento en plena Guerra Fría. Un extraterrestre visita nuestro planeta para advertir a los humanos: dejaros de escaladas nucleares. Los humanos, claro, le capturaban y pretendían viviseccionarlo para ver qué tenía dentro: por suerte, iba acompañado por un gigantesco robot, Gort, que le rescataba y ponía en su sitio a los imprudentes terráqueos. De la reciente versión protagonizada por Keanu Reeves, mejor ni hablar...

Y, por último, el protagonista de una de las grandes películas de animación de todos los tiempos. De Charles Chaplin a 2001, una odisea del espacio, pasando por E.T. Cine mudo, ciencia ficción, cine romántico y denuncia social (porque sí, Wall-E también criticaba con rudeza el consumismo, la degradación medioambiental) se unían en esta obra maestra de Pixar protagonizada, por supuesto, por robots. El tierno y enamoradizo Wall-E era el protagonista pero, sin ir más lejos, la hermosa Eve es un personaje inolvidable, único y encantador.