Muy lejos han quedado los días de las largas conversaciones a través de canales IRC, de los módem a 56 Kbps, del "no te metas a Internet que estoy esperando una llamada". La Red ha crecido y ha evolucionado con el paso de los años cambiando la vida en la Tierra de forma radical. Para recordar la importancia de tal invento, cada año, el 17 de mayo, se celebra el Día Mundial de Internet, que en su IX edición busca analizar las implicaciones de Internet como motor de cambio social, económico y cultural.

Una vida digital

Es viernes. Son las 6.30 horas y suena la alarma del móvil. Javi se levanta de inmediato, sabe que es la hora exacta ya que está configurada automáticamente gracias a Internet y el reloj se ha adelantado hasta las 3 cuando han dado las 2. Una ducha rápida y es la hora de preparar un rápido desayuno. Hay poca cosa en la nevera, más tarde habrá que sacar unos minutos para hacer la compra online (en Mercadona, en Carrefour, en Eroski, en Alcampo o quizá en Tudespensa.com). Echa un vistazo a la actualidad en 20minutos.es a través del iPad mientras toma el café y sale disparado hacia el trabajo.

Como cada mañana, toca ir en metro. Son 40 minutos de trayecto, tiempo más que suficiente para consultar, a través del Samsung Galaxy S IV, las últimas publicaciones de sus amigos en Facebook y leer en el Kindle un capítulo más del último ebook que se descargó a través de Amazon. Mientras, Javi escucha a uno de sus grupos favoritos a través de la app móvil de Spotify.

Javi consulta el estado de su cuenta bancaria a través de la app móvil de su entidad Son las 8.00 y, ya en el trabajo, Javi ordena las decenas de correos de su cuenta de Outlook. Responde a algunos, archiva otros y elimina unos cuantos. A media mañana, su mejor amigo le recuerda a través de Whatsapp que debe comprar entradas para la obra de teatro que irán a ver el sábado. Lo hará más tarde, en sus diez minutos de descanso, a través de Entradas.com, Atrápalo, El Corte Inglés o Ticketmaster, pero antes debe atender a un cliente que trabaja en el extranjero mediante una videollamada a través de Skype.

Hoy toca salir a las 15.00 horas. Javi consulta el estado de su cuenta bancaria a través de la app móvil de su banco y decide que puede permitirse un lujo, una buena comilona con los compañeros de trabajo. El primer plato tiene una pinta estupenda, así que no duda en sacarle una foto, ponerle un filtro con Instagram y compartirla al mismo tiempo en todas las redes sociales. El restaurante es bueno, merece la pena geolocalizarlo en Foursquare. Después, mientras vuelve a casa, consulta en Tiempoytemperatura si hará buen tiempo para la barbacoa del domingo, continúa una partida de Apalabrados y revisa los mensajes recibidos en Badoo y algunas otras páginas de contactos. Aunque al principio renegaba de ellas, lo cierto es que le han permitido hacer amistades e incluso encontrar pareja.

Ya han dado las 17.30 horas y aún hay mucho tiempo antes de salir a cenar, así que Javi decide aprovecharlo y, tras hacer la compra que tenía pendiente, decide realizar la declaración de la renta, que desde hace años puede presentarse a través de Internet. Ahora sí, es hora de empezar a disfrutar del fin de semana: media hora de World of Warcraft, una partida online a Battlefield 3 y un capítulo de Breaking Bad en Wuaki.tv.

A las 21.30, durante la cena, ve su programa favorito en televisión mientras lo comenta a través de Twitter. Javi ha quedado a las 23.30 horas con sus amigos para tomar algo en un bar nuevo del que les han hablado muy bien. Está en una zona de Madrid que no conoce, pero gracias a la versión móvil de Google Maps no le cuesta encontrar la dirección y averiguar cómo llegar hasta allí. En la entrada del local descubre un cuadro que le gusta. Le suena pero no recuerda su título. Google Goggles le da la respuesta, es Drowning Girl, de Roy Lichtenstein. Más tarde le sucede lo mismo con una de las canciones que suenan en el bar. Esta vez es la aplicación Shazam la que le dice cómo se llama la canción y quién es el intérprete.

Las 4.00, hora de volver a casa. Javi opta por coger una línea nocturna de autobús. Gracias a la app de la EMT, sabe exactamente a qué hora va a llegar a esa parada el bus que está esperando. Tras 25 minutos de viaje, llega a casa y sólo el sueño consigue desconectarlo de Internet.

Una vida analógica

Es viernes. Son las 7.30 horas y suena el viejo despertador programado para las 6.30. Marcos se levanta corriendo y descubre que se le olvidó adelantar el reloj por el cambio horario. Llegará tarde al trabajo. Ducha fugaz y nada de tiempo para el desayuno. Escucha las noticias en la radio mientras se viste y sale de casa disparado.

Tras una carrera al metro, ve cómo una señora coge el último ejemplar de 20 Minutos que le quedaba al repartidor. Al menos podrá entretenerse durante el trayecto con el juego de la serpiente en su viejo teléfono Nokia N70 (sus amigos aún se preguntan cómo es posible que aún le dure) o leyendo Tormenta de espadas, el grueso tomo que hace que su bandolera pese el triple de lo normal. Marcos también lleva su discman, un aparato que muchos consideran ya una reliquia pero que a él le sigue sirviendo para escuchar los discos de su grupo favorito.

Son las 9.00 y, ya en el trabajo, Marcos tiene que ordenar cientos de documentos impresos, ya que su empresa aún no cuenta con procesos digitalizados. El envío y la recepción de correos vía postal también es lento y tedioso, aunque él lo prefiere. Incluso para comunicarse con viejos amigos y parientes lejanos recurre a sobres y sellos. Una amiga le recuerda por SMS que debe ir a comprar las entradas para el concierto del sábado. Tendrá que sacar tiempo para acercarse a la sala en la que tendrá lugar y hacer cola para adquirirlas.

Marcos pierde más de la mitad de la tarde entre hacer la compra en el supermercado y haciendo cola para adquirir las entradas de un concierto Son las 15.00, fin de la jornada laboral. Marcos ya no tiene tiempo de hacer ninguna gestión en el banco, pero consulta el estado de su cuenta en un cajero y decide quedarse a comer con los compañeros de trabajo. El restaurante tiene una decoración muy original, así que le saca una foto con el móvil para enseñársela luego a sus amigos. El sitio le parece estupendo, así que se lo recomendará a sus conocidos. De regreso a casa, vuelve a darle vueltas a la idea de apuntarse a una agencia de citas o, quizá, salir solo de vez en cuando para intentar conocer a gente nueva.

Son las 17.30 horas y aún hay mucho que hacer. En primer lugar, ya en casa, Marcos busca la última carta que le envió la Agencia Tributaria, localiza el número de teléfono y llama para pedir cita para hacer la declaración. Le tocará echar una mañana en Hacienda. Después, pierde más de la mitad de la tarde entre hacer la compra en el supermercado y haciendo cola para adquirir las entradas del concierto.

Son las 21.30 y ha terminado todas las tareas pendientes, pero se ha perdido su programa favorito y ha olvidado grabarlo, pero al menos llega a tiempo de ver una película mientras cena. No está mal, seguramente la comentará el lunes con un compañero del trabajo bastante cinéfilo.

Son las 23.30 y a Marcos le extraña que sus amigos aún no le hayan llamado para salir de fiesta, así que decide llamarlos él. Habían quedado a través de una aplicación de mensajería instantánea y olvidaron que Marcos no tenía móvil con conexión a Internet. No es la primera vez que le pasa, ya se ha perdido algunos buenos planes por no tener cuenta en las principales redes sociales. Por fortuna, aún está a tiempo de llegar a la discoteca en la que han quedado. Está en un barrio al que jamás ha ido, así que apunta en un papel las indicaciones que le da una amiga por teléfono y consulta la dirección en un plano. Se equivoca una vez de calle, pero al final llega al local. La música es buena. De repente, suena una canción que le gusta, pero no conoce al grupo que la canta. Un amigo le dice el nombre, aunque no tiene cómo apuntarlo. Cuando vaya a comprar el disco a un centro comercial, le tocará hacer memoria.

Ya de madrugada, Marcos decide regresar a casa. Va a una parada de autobús, consulta en un tablón la frecuencia de los nocturnos y confía en que los horarios se cumplan. Tras 25 minutos de viaje, llega a casa y antes de caer rendido de sueño piensa que tal vez debería probar Internet.

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¿Necesitas estar siempre conectado a Internet?

Sí, no me imagino ni un día sin Whatsapp, Facebook o Twitter.
35,23 % (813 votos)
Me basta con consultar el correo electrónico y poco más.
53,29 % (1230 votos)
No, apenas uso Internet en mi día a día, puedo vivir desconectado/a.
11,48 % (265 votos)