Alfredo Landa, en las turgentes playas del 'landismo'.
Alfredo Landa, en las turgentes playas del 'landismo'. ARCHIVO

Durante años, mucho antes de la llegada de fenómenos del márketing como Torrente o Lo imposible, siempre se hablaba de No desearás al vecino del quinto como del gran éxito de taquilla de la historia del cine español. Rodada en 1970, no era una película con grandes aspiraciones: se estrenó con pocas copias y se conformaba, a base de un humor de trazo grueso (cuernos, mariquitas y macizas en ropa interior), con entretener al personal.

Entre finales de los sesenta y principios de los ochenta, el 'landismo' reinó en el cine españolY vaya sí lo consiguió: además de una taquilla récord para la época (se habla de más de 100 millones de las antiguas pesetas), la película pasó a la historia como el culmen del landismo, un género incubado en el tardofranquismo y que fue mucho más allá de la presencia personal del actor.

Una vez al año ser hippy no hace daño Vente a Alemania, Pepe, Aunque la hormona se vista de seda o Vente a ligar al Oeste, entre las decenas de películas que Landa protagonizó en esa década de los setenta, avisan ya desde sus títulos de las intenciones de sus directores y guionistas: burlarse de lo nuevo, caricaturizar las debilidades patrias y, por supuesto, abrir una rendija por la que expulsar la desbocada represión sexual de una gran parte de la población local.

Por eso, en el lúbrico pero en el fondo inocente paisaje del landismo, el actor se rodeó en decenas de ocasiones de chicas en biquini y picardías, torpones compañeros de peripecias sexuales e historias que, de eso no hay ninguna duda, infrautilizaban el talento y la versatilidad de su actor protagonista.

Con la muerte de Franco y la llegada de géneros más cargados de erótismo, el landismo desapareció. No tenía sentido oír a Alfredo Landa hablar sobre improbables hazañas sexuales con suecas cuando una película 'S' o, después, pornográfica, permitían contemplar dichas exhibiciones en directo por parte de actores especializados en el asunto. Sin embargo, el 'landismo' es aprovechable más allá de reflejar un "calentón nacional": permite también ver, con una veracidad mayor que la de Cuéntame, cómo era la sociedad española de la época. Sí, soñadora e inocente como los ojos de Alfredo Landa, pero también algo racista, homofoba y desde luego machista como la mirada de todos sus personajes.