Como si fueran trabajadores de hornos de carbón, incineradoras o gasolineras, así tienen de contaminado su organismo los más de 327.000 voluntarios que acudieron a limpiar el fuel del Prestige que bañó las costas gallegas en 2002, según un estudio elaborado por tres profesoras de Biología Celular y Molecular de la Universidad de A Coruña.

Tras realizar durante cuatro años diferentes análisis a 240 personas que colaboraron en la tareas de limpieza, se ha llegado a la conclusión de que estos individuos estuvieron expuestos a niveles de contaminación tan altos como los de ciudades como México o Atenas y que los daños han afectado a su ADN y al sistema hormonal.

En concreto, en el caso de las mujeres, sobre todo en las de mayor edad, el estudio ha determinado alteraciones en sus ciclos menstruales.

Además, todas las personas analizadas han presentado roturas en el ADN, si bien las autoras del estudio señalan que este tipo de daño es fácilmente reparable por el propio organismo y de una manera natural, sobre todo entre la gente más joven.

Los que salieron peor parados han sido los voluntarios y trabajadores que estuvieron en contacto con el fuel durante tres o cuatro meses. En ellos se ha producido lo que llaman daño genético fijado o persistente, cuya reparación resulta mucho más complicada.

Más fugas, más inspección

El petrolero Prestige sigue filtrando fuel al mar cuatro años después de la catástrofe que asoló la costa gallega. Por eso, el próximo miércoles, en la sesión de control que se celebrará en el Congreso de los Diputados, los nacionalistas gallegos solicitarán al Gobierno central que realice una inspección submarina al pecio. Aunque los expertos del Centro Oceanográfico de Vigo, encargados de los últimos análisis tomados en la zona del hundimiento, han apuntado que estas fugas no representan peligro alguno para el ecosistema, los nacionalistas consideran que es una cuestión que «debe abordarse sin ánimo alarmista, pero sin dejarlo pasar».

Las claves de la catástrofe

6 días pasaron desde que ocurrió el accidente hasta que se hundió totalmente el barco, a 260 km de las Islas Cíes.

16 toneladas de fuel ha podido filtrar al mar el pecio desde agosto de 2003, fecha del sellado realizado por la compañía petrolera Repsol.

190 kilómetros de costa resultaron afectados por la llegada del fuel a tierra. El primer día en detectarse fuel en tierra fue el 16 de noviembre de 2002.

6.000 marineros y 2.500 barcos se quedaron sin poder salir a faenar durante meses.

10.000 millones de euros costó la marea negra, según los expertos. Entre los costes se incluyen las tareas de limpieza, la regeneración medioambiental y las inversiones necesarias para evitar impactos mayores en la economía gallega.

327.000 personas acudieron a la llamada de solidaridad que lanzó la sociedad gallega al comprobar cómo una marea negra de hidrocarburos teñía de chapapote toda la costa de Galicia.