El juez José Castro
El juez José Castro, instructor del caso Palma Arena, a su salida esta madrugada de los Juzgados de Palma de Mallorca. EFE

En su discurso navideño de 2011, el rey dijo que “la justicia es igual para todos”. Cinco días después, el juez José Castro, instructor del caso Palma Arena, imputaba Iñaki Urdangarin, el yerno del monarca. Se convirtió en el primer magistrado que imputa a un miembro de la casa real: no solo imputó al yerno real, sino también a su esposa, la infanta Cristina, dos veces en relación a supuesto fraude fiscal y blanqueo. La segunda vez se ha producido este 7 de enero de 2014.

Castro, de 66 años de edad y nacido en Córdoba, es el magistrado del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma de Mallorca desde 1990, donde cayó en 2010 la investigación de las presuntas irregularidades cometidas en la construcción del velódromo durante el Gobierno de Jaume Matas y cuyo coste se disparó de los 48 millones de euros presupuestados a unos cien. Este caso llevó al juez hasta las presuntas actividades irregulares del duque de Palma.

Castro escribió la primera vez que no imputar a la infanta supondría "un descrédito de la máxima de que la Justicia es igual para todos"En julio de 2010, José Castro abrió una pieza separada de Palma Arena pidiendo información sobre los convenios entre por dos organismos dependientes del Govern balear (la fundación Illesport y el Instituto Balear de Turismo) y el Instituto Nóos, que presidía Iñaki Urdangarin.

Desde ese momento, las informaciones sobre la implicación del yerno del rey con las irregularidades que investigaba Castro se dispararon y en noviembre de 2011 estalló el escándalo: se registraron las oficinas de Nóos en Barcelona y el domicilio de Diego Torres, socio de Urdangarin. El yerno del rey estaba siendo investigado por delitos de falsedad documental, prevaricación, fraude a la Administración y malversación de caudales públicos.

Desde entonces hasta el 29 de diciembre, el día en que se imputó al duque de Palma, el juez Castro tuvo que continuar la instrucción con un intenso debate como telón de fondo: ¿se atrevería la Justicia a imputar a un miembro de la casa real? La respuesta fue sí.

Inmediatamente surgieron las dudas sobre si la infanta Cristina estaba también implicada en los negocios de su marido. Urdangarin siempre defendió la inocencia de su esposa, pero su exsocio, Diego Torres, intentó probar durante meses la vinculación de la hija del rey con la trama entregando cientos de emails del duque al juez Castro.

En abril de 2013, el juez decidió imputar a la hija del rey. Sin embargo, sorprendentemente esa decisión tuvo la firme oposición de la Fiscalía Anticorrupción, que recurrió el auto, al que la Audiencia de Palma dejó sin efecto.

En aquella ocasión, el magistrado utilizó en el auto de imputación a la infanta una frase muy parecida a la que utilizó el rey en su discurso navideño: "la Justicia es igual paratodos". Castro escribía en el auto que no imputar a la infanta Cristina supondría un "descrédito de la máxima de que la Justicia es igual para todos y una clara contradicción a la práctica cotidiana de los juzgados y tribunales".

Siete meses de investigaciones después, Castro vuelve a insistir e imputa a la infanta supuestos de delitos de fraude fiscal y blanqueo y la cita a declarar el próximo . De nuevo, la fiscalía, antes del auto, ya demostró su oposición a una posible imputación al considerar que no existían "indicios incriminatorios".

Reservado con la prensa

José Castro es un veterano de la carrera judicial aficionado a las motos, un deporte de riesgo que abandonó tras vender la suya al entender que la velocidad conlleva peligros y que ha hecho de su medio de vida una afición, pero sobre todo un servicio a los ciudadanos, con independencia del caso y de las personas implicadas.

En sus 34 años como juez no ha concedido ninguna entrevista

De joven practicó la esgrima japonesa (kendo) y es aficionado al fútbol sin mucha pasión, es madridista pero no le importa que gane el Barça. Aunque también podría haber sido portero por su capacidad para decir hacer paradas a los periodistas. 

En sus 34 años como juez no ha concedido ni una entrevista y no realiza declaraciones; y piensa seguir así, aseguran los que conocen a este magistrado que ha tenido que cambiar la moto por a la bici y los paseos por prescripción facultativa. Para él, su único medio de comunicación posible son sus autos y sentencias. 

Aunque miembros de la carrera judicial y jurídicas sostienen que no es en absoluto "serio", su semblante sí lo es cuando pasa ante periodistas, cámaras o fotógrafos. Si tiene afición a caminar corriendo cuando hay periodistas, es para evitar cualquier oportunidad de preguntas.