Letras para celebrar el Día de los lectores infantiles y jóvenes

  • Los autores juveniles españoles más destacados cuentan a 20 Minutos qué obras marcaron su infancia y juventud.
  • Sierra i Fabra, Mallorquí o Maite Carranza recomiendan libros para iniciarse.
  • Según el último Barómetro de Lectura, un  77,2% de los jóvenes lee a diario.
2 de abril: Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil
2 de abril: Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil
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Puede que la célebre frase de Groucho, "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro",  haya terminado calando y sorprendentemente entre los más jóvenes.

Los datos no engañan, y este 2 de abril: Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil parece una buena ocasión para recordarlo y celebrarlo: el 84,6% de los niños españoles de entre 10 y 13 años lee libros en su tiempo libre, según el último Barómetro de Lectura. De ellos, el 77,2% lo hace a diario o semanalmente, porcentaje que se incrementa 2,1 puntos si se compara con el año pasado.

Otra buena nueva nos la dan también las  jóvenes generaciones, ya que es la literatura infantil y juvenil la única temática que en 2012 creció en cuanto a compras.

Gerónimo Stilton y Harry Potter son los que más éxito siguen cosechando entre los preadolescentes (10-13 años), pero si nos vamos al ranking de los infantiles y juveniles más leídos  encontramos clásicos (algo que no aparece ni una vez en la lista de literatura adulta), como El principito (cuarto lugar), La vuelta al mundo en 80 días (quinto), La isla del tesoro (décimo) y La historia interminable (decimotercero).

En la lista que aglutina niños y jóvenes los primeros son: Crepúsculo, El niño del pijama de rayas y Harry Potter. Hay hueco también para un clásico español, Sierra i Fabra, que con su Campo de fresas (long-seller)  se cuela en la lista. Pregunta 20 Minutos a Fabra y a los autores juveniles españoles (no son muchos: algunos editores se quejan de la poca oferta dentro de España) más reconocidos cómo empezaron ellos a leer.

Lorenzo Silva Lorenzo Silva. "Lo que más me marcó de niño fue una biografía de Lawrence de Arabia, que leí en cómic", comenta a 20 Minutos Silva. Confiesa el creador de Bevilacqua  que de niño leía lo que había: "Salgari, Verne... Y me gustaban mucho las historias de aventuras clásicas, desde La isla del tesoro hasta Los tres mosqueteros". Sin falso respeto reconoce que  Verne le aburría. Sus ganas de escribir no surgieron en aquellos primeros años, sino a los trece, época en la que las lecturas que cautivaban a este autor eran muy diferentes: "De adolescente, Kafka, y Rojo y negro, de Stendhal". Conocido sobre todo por sus novelas negras, no fueron éstas sus lecturas predilectas hasta los 18 años, cuando leyó a Chandler y ahí encontró la sugerencia de un camino. Para los jóvenes de ahora su recomendación: La isla del tesoro.
Nicolás Casariego,  Nicolás Casariego. Este guionista y escritor, ganador del premio Juvenil Anaya con Por el camino de Ulectra, reconoce que, pese a no ser un fan de la fantasía, su libro estrella de la adolescencia fue El señor de los anillos. "De niño, en cambio, lo que me gustaba eran los comics de Tintín y los libros de Enid Blyton y Salgari", cuenta a 20 Minutos. "Luego he vuelto a leer a Salgari, pero me ha desencantado".  Dice que su decisión de ser escritor le llegó a los veinte años. Su recomendación para los niños y jóvenes de ahora: "Roald Dahl, que me sigue encantando, aunque a ellos les gustarán los vampiros que yo no he leído. También les recomiendo La isla del tesoro".
César Mallorquí. César Mallorquí.  El hijo del creador de El Coyote, José Mallorqui, dice sin dudar que si es escritor es por su padre. En cuanto a las lecturas que marcaron su infancia: "Las aventuras de Guillermo Brown, de Richmal Cromptom, me fascinaban, sobre todo por su sentido del humor". En la adolescencia, cambió Mallorquí de tercio: Crónicas marcianas de Bradbury, por su poesía y por su humanismo. La lectura que para el autor de Las lágrimas de Shiva los niños no deberían perderse es un clásico: El guardián entre el centeno, de Salinger. "Creo que es el libro que mejor refleja la naturaleza, la mentalidad y los conflictos de un adolescente".
Maite Carranza. Maite Carranza. "Me marcó Guillermo Brown(Richmal Crompton),  porque me descubrió las posibilidades de imaginar, transgredir, soñar y jugar". A los 16, señala esta galardonada con el Nacional de Narrativa Juvenil por Palabras envenenadas, su gran lectura fue Crimen y castigo: "Me impresionó por la culpa y las consecuencias de los actos que se cometen. Yo sabía que cometía actos de los que luego me desentendía". A diferencia de la mayoría de los autores con los que charla 20 Minutos, Maite reconoce deberle a un libro su dedicación a las letras: La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa. También se desmarca Carranza en el libro que elige para los jóvenes y que aprovecha para reivindicar, ya que cree que debería ser mucho más conocido: Alí y Nino, de Kurban Said.
Andreu Martin. Andreu Martín. Sorprendente el libro que a Andreu le sedujo en la infancia: Cuentos de la Alhambra, de Irving. La razón explica esta rareza: "Me lo leían mi padre y mi hermana cuando yo no sabía leer. Me encantaba cómo me lo contaban y por la originalidad de las historias". En la preadolescencia, señala, le impactó el probablemente más leído por los escritores: La isla del tesoro, y en la adolescencia: Poe. "Lo que más me animó sin embargo a escribir fueron los libros de Enid Blyton, porque era literatura más próxima y fácil. Lo de Stevenson era inalcanzable". Para los adolescentes de hoy este maestro de novela negra, y autor de algunas obras para jóvenes como Mentiras de verdad: El cartero siempre llama dos veces.
Sierra i Fabra. Jordi Sierra i Fabra: Fueron varios los libros que a este maestro y referente de literatura juvenil y autor de una de las novelas juveniles más leídas de todos los tiempos Campo de fresas le marcaron: "En la infancia  Las 1001 Noches y El capitán Trueno"; "En la juventud, Flash Gordon como tebeo, y como libros: El manantial, de Aynd Rand; y El filo de la navaja, de William S.  Maughan. Con el primero descubrí lo que era ser artista y el segundo porque descubrí qué era ser persona". No obstante para este potenciador de la creación juvenil, no hubo lectura que lo llevara a querer ser artista: "Lo de escribir fue innato, desde que tenía 8 años. Quería viajar, ver el mundo, contar historias, y eso apareció devorando libros desde que aprendí a leer". Su recomendación, quizá la más realista: "Yo recomiendo que toquen los libros, que sientan su energía. No se pueden decir títulos al azar, porque cada persona es distinta. Hay que fiarse del instinto. Y si te equivocas, no pasa nada porque dejes la novela y abras otra. Leer es un privilegio, no un castigo. Y es tan increíble..."
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