Vivir bajo el temor de una nueva
Una fotografía recuerda las inundaciones de 1983. M.R.
Su vida ha girado durante los últimos 50 años en torno a la cantera que creó el barrio casi de manera clandestina.

La cantera de El Peñascal dio la vida al barrio que lleva su nombre, aunque ha estado a punto de arrebatársela en varias ocasiones. La riada de 1983, la mayor catástrofe, arrastró el grijo que sepultó las casas casi por completo. El Peñascal es hoy un barrio de unos 10.000 habitantes situado encima de Rekalde y atrapado entre el Pasagasarri, el Arraiz y la Campa de San Justo, lo que lo convierte en un desfiladero. «Somos carne de cañón», dice Rosi, la panadera. Una foto colgada de la pared le recuerda día a día la tragedia. Pero nadie quiere irse. Sus vecinos hacen vida de barrio, se conocen, se saludan por la calle... «Aunque cada vez viene más gente», comenta Mari Jose. Resulta raro. Las casas se sitúan a los lados de apenas una calle y colgadas de las laderas. Hay vecinos que tienen que subir 700 escaleras para llegar a sus casas y una única línea de autobús los conecta con Bilbao. «Cuando vienen dos buses, uno tiene que esperar; no pasan los dos», explica Pedro, el presidente de la asociación del barrio. Pero la gente es feliz. Disfrutan de una tranquilidad que ya no queda.