En la casa reside un hombre que padece síndrome ansioso depresivo y pérdida auditiva por el ruido de los aviones, y el juez ha determinado que tanto en el exterior como en el interior se producen ruidos que «superan  el máximo normativo». La sentencia se basa en informes periciales que ratifican de forma «clara y coherente» que el vecino padece esas lesiones y  que tienen su «causa» desencadenante en el ruido que procede de los aviones y que ha de soportar dentro de su vivienda.

No obstante, el magistrado rechaza la petición del perjudicado de  360.000 euros como valor de venta de la citada vivienda, construida en 1963, con la finalidad de que se la quede AENA. En este sentido, el juez entiende que «en ningún caso» se puede condenar a AENA a adquirir la casa, porque cuando se amplió la  pista no se hizo necesaria su «expropiación».