Fornido, ligero y vertical, Julio Mas Pérez (Alicante, calle Quintana, octubre de 1935) fue el benjamín de Juan Mas Guijarro, El Panaero, amo desde 1932 hasta 1948 del legendario trinquet de la calle Vicente Inglada, junto al Mercado Central, con entrada de masas a 50 céntimos.

De una energía acrobática, perfectamente actualizada, Julio fue pelotari con apenas 14 años, cuando «el deporte autóctono era el más importante de España», y antes de que el pádel, la petanca o el golf sepultaran este entretenimiento «plenamente popular». Como prueba, en el Archivo Municipal yace un escrito de un cura datado en 1822 que anuncia la construcción en Alicante de «un trinquet a mano».

Alumno de la academia San Francisco y del instituto de secundaria de Reyes Católicos, evoca cómo en 1948 su padre le adjudicó el trinquet al empresario zapatero de la Vall d’Uxó Manuel Segarra Tur, amo del sustancial trinquet de Valencia.

En 1950, éste se lo cedió al charcutero local Vicente Gómez, quien inauguró el Cinema de Verano Río, posteriormente la sala Carlos III, en honor a su ex propietario, Martínez Tercero.

Tras «el apagón total», siguieron jugando en Sant Vicent, en una era dorada que iluminaron, entre otros, El Xiquet de Quart, El Fusteret de la Llosa, Juliet d’Alginet, los Hermanos Sarasol, Genovés II, Paquito Ortiz Frasquito, Goiburu o su propio hermano, Juan Mas.

Socio atávico del Club Montemar y ex juez profesional de pelota vasca, trabajó en Serrería Mas, negocio de la familia, y al fallecer su padre levantó con su hermano La Proveedora Industria.

Varón atlético que ni bebe ni fuma, sueña con «la alegría de que otra vez se juegue a pilota en Alicante, con un nuevo trinquet de unos 80 metros de largo por 13 ó 14 de ancho», porque «nosotros también somos valencianos». Un empeño que ahora prosigue su buen y joven amigo Héctor Bautista y el Club de Pilota Alacant.

Viajero semanal a Benidorm o Petrer para ver las partidas, Mas cree que «la grandeza de la pilota es que el propio jugador advierte cuando es falta: ¡Mala!» Una pilota que «suena como una bala y a veces ni la ves».