¿Qué consecuencias tendría que Chipre saliera del euro?

Colas de chipriotas en los cajeros automáticos de un banco de Nicosia.
Colas de chipriotas en los cajeros automáticos de un banco de Nicosia.
Katia Christodopoulou / EFE

En las últimas horas, la tensión social ha crecido en Nicosia, la capital de Chipre. Los ciudadanos —que no pueden acceder a sus ahorros y asisten indignados a la amenaza del BCE de cortar el grifo de la liquidez— se manifiestan exigiendo a su Gobierno una salida de la Unión Europea. Mientras tanto, en el Parlamento los políticos debaten planes B para recaudar 5.800 millones de euros, la llave del rescate de la troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y FMI) a su maltrecha banca. Chipre está hoy con un pie dentro y otro fuera de la UE.

Es el país de menor tamaño de la Unión (esta isla mediterránea supone el 0,2% del PIB europeo) el que puede convertirse en el primero que salga de la moneda única. Pese a su tamaño, muchos sospechan que la sombra que dejaría su salida podría ser mayúscula. Una estampida que podría traer un ciclón.

Analistas como Fernando Steinberg, del Real Instituto Elcano, consideran que en cierto modo Alemania está abriéndole la puerta a Chipre para ensayar qué sucedería si un país dejara el euro. En un artículo reciente, Steinberg sostiene que "no es ningún secreto que Alemania hubiera preferido un euro con menos países" y añade que  "pareciera como si Alemania estuviera deseando secretamente que Chipre abandonara el euro".

En la UE no descartan que Chipre se marche. De hecho, este miércoles se produjeron las primeras conversaciones entre los líderes de la zona euro sobre la posible salida de Chipre si se produce el colapso de su economía. En una teleconferencia se discutió sobre cómo establecer controles de capitales para aislar a la eurozona del efecto contagio.

En Chipre, dos terceras partes de la población son partidarias de abandonar la unión. Según una encuesta realizada en el país esta semana (después de que la UE propusiera gravar todos los ahorros bancarios), preguntados por si estarían de acuerdo con abandonar la eurozona, el 67,3% respondió que sí, mientras que sólo el 24% se mostró contrario.

El catedrático de economía José García Montalvo dice que "es muy difícil predecir qué va a ocurrir" pero confía en que en este gran "juego" de órdagos que se están lanzando la UE, Chipre y Rusia, el país se beneficie del mantra promotor de la Unión, aquel que rezaba "en el euro se entra, pero no se sale".

Moneda nueva y corralón

Sobre los efectos inmediatos de una hipotética salida, García Montalvo asegura que si el BCE corta los fondos de emergencia, tal y como ha amenazado con hacer, el martes los bancos chipriotas habrán quebrado y el gobierno tendría que sacar una moneda nueva, "el dracma chipriota" —especula el profesor— que "devaluaría todos los fondos, afectando principalmente a los extranjeros".

En los últimos cinco años Chipre se ha convertido en un refugio para los inversores griegos que buscaban en la isla la garantía de sus depósitos ahora comprometida. También ha atraido fondos de oligarcas rusos e israelíes, principalmente para evadir impuestos. Pero el país ha vivido su particular burbuja financiera. Estos depósitos internacionales llegaron a ser el 40% del total, y no han sabido gestionarlos, al invertir desproporcionadamente en deuda pública que no vale nada a día de hoy.

Según Montalvo, griegos y rusos son los que más notarían la devaluación de la moneda, pero no los únicos. "Los chipriotas sufrirían menos porque gastarían dentro del país y podrían ser más competitivos con su industria turística, abaratando su oferta, pero devaluar la moneda supone irremediablemente perder en las transacciones por el tipo variable".

"Tendrían que estar locos si salen del euro por no gravar los depósitos de más de 100.000 euros, inversores extranjeros que una vez han visto comprometidos sus ahorro, antes o después, les van a abandonar", dice este experto.

Steinberg piensa parecido respecto a las consecuencias internas inmediatas de la salida del euro. "Con sus bancos quebrados y sin euros frescos provenientes del BCE, la economía chipriota se transformaría rápidamente en una economía de trueque, lo que obligaría al país a emitir una nueva moneda y, seguidamente, a declarar un default sobre su deuda pública".

El analista Marc Chandler, jefe global de divisas del banco inversor estadounidense Brown Brothers Harriman, augura que Chipre "tendría una crisis financiera, mayor inflación y la élite política que apruebe esa salida será castigada en las urnas".

Los analistas, por otro lado, alertan de que Alemania está subestimando el efecto contagio de dicha partida. Hasta el propio presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha admitido que Chipre es ahora mismo un "riesgo sistémico". Y ponen la vista en Grecia, señalándolo como el siguiente país en caerse de la moneda única. Y Grecia ya son palabras mayores.

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