Ratzinger y Martini, dos visiones enfrentadas de la Iglesia

Mientras Ratzinger parece concentrar los votos de los cardenales afines a la rectitud en cuanto a dogma y moral, los moderados se alinean con el italiano Martini, partidario de un acercamiento a la línea progresista del Vaticano II.
Ratzinger (izquierda) y Martini (derecha)
Ratzinger (izquierda) y Martini (derecha)

Dos visiones, dos iglesias

Poseen la edad idónea para acceder a un pontificado "de transición" (77 y 78 años), aunque a ambos la salud puede jugarles una mala pasada: Martini sufre una enfermedad degenerativa; Ratzinger padece del corazón.

Quizá por esto, los rumores hablan de "candidaturas simbólicas" cuya misión sea más la de convertirse en "grandes electores" y medir fuerzas con el contricante en una primera votación, que la de una candidatura en firme. En sus círculos más cercano, ambos han negado que deseen acceder al pontificado.

Detrás de la candidatura de Martini podrían entreverse nombres como el del italiano Tettamanzi. De la mano de Ratzinger podrían entrar en juego los cardenales Sodano, Ruini, Re o Schonborn.

De cualquier forma, ambos se erigen como representantes de dos posturas que difieren entre sí respecto a "los grandes retos del nuevo pontificado".

Mientras el jesuita Martini representa la voluntad de acercarse a otras religiones y al espíritu de la sociedad actual -se retiró a meditar y a estudiar textos bíblicos en Jerusalén después de chocar con las posturas más coservadores del Vaticano-, Ratzinger, que posee su propio club de fans en Internet, se preserva los valores de siempre frente a "las modas del pensamiento".

1. Nuevas teologías: aunque Martini no la procese, es "amigo de los amigos de los pobres" y simpatiza con los postulados de la Teología de la Liberación. Ratzinger, que en su juventud sintió afinidad por este movimiento, mantiene con sus representantes, al igual que el anterior Pontífice, una relación tensa.

2. Un paso "adelante": El alemán Ratzinger, gran defensor de la herencia cristina, aboga por una Iglesia que mantenga su estatus y su organización centralista en la curia. El italiano apuesta por una línea más progresista y cercana al Vaticano II, y por la descentralización de los poderes.

3. La pureza de la doctrina. Joseph Ratzinger se ha erigido como el gran defensor de la tradición y la rectitud moral. Martini promete reformas en el tratamiento que da la Iglesia a la sexualidad y a la disciplina del matrimonio.

4. Mujeres en la Iglesia: El italiano propuso en 1999 convocar un nuevo Concilio Vaticano para revisar el papel de la mujer en la sociedad y dentro de la Iglesia. Ratzinger es contrario al sacerdocio femenino.

5. Organizaciones católicas: Ratzinger mantiene una buena relación con la asociación del Opus Dei, uno de los principales poderes dentro del Vaticano. Martini, jesuita, llegó a criticar, de forma indirecta, la creciente influencia de esta asociación dentro de la Iglesia, vieja rival de su orden.

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