'Cherry Cheesecake II'
La artista Lee Price se autorretrata en este óleo comiendo tarta de queso y cereza Lee Price

Es un mecanismo de defensa ante los problemas que usamos todos alguna vez: comer para olvidar. La gula causa un alivio inmediato pero pasa factura en el cuerpo y la mente. Quien tiene tendencia a ingerir grandes cantidades de comida de forma ansiosa y apresurada suele ser impulsivo. Si lo hacemos tres veces a la semana, sufrimos el denominado trastorno por atracón, fatal para la salud.

Las causas de la gula no tienen explicación fisiológica, son alteraciones anímicasLa psicóloga Julia Vidal, directora del Centro de Psicología y Psiquiatría Área Humana, explica que ante una situación en la que nos apetece un bollo a las siete de la tarde, lo lógico es esperar a la hora de la cena. Pero hay personas que no controlan el impulso de comer en abundancia. "A veces incluso confunden las sensaciones corporales y piensan que tienen hambre, cuando lo que están sintiendo de verdad es ansiedad", indica Vidal.

La tristeza, la rabia o ansiedad son factores desencadenantes de la gula. "Es más fácil que nos demos un atracón si estamos pasando por un mal momento emocional", señala la psicóloga.

El médico endocrinólogo Albert Lecube, coordinador del Grupo de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), lo ratifica: "Las causas de la gula no tienen explicación fisiológica. El atracón se suele dar cuando se producen alteraciones del estado anímico o situaciones de estrés puntual. El componente de la ansiedad nos hace comer más".

Comemos porque hacerlo produce satisfacción de forma inmediata¿Por qué nos refugiamos en la comida cuando nos sentimos mal? "El comer produce satisfacción de forma inmediata", afirma Vidal. Es algo que alivia nuestro malestar a corto plazo. No obstante, el sentimiento de culpa aparece de forma inmediata después de un atracón.

La gula nos incita a picotear entre horas y nos hace olvidar la gran cantidad de comida que tomamos a lo largo del día. Recurrir al atracón puede desencadenar un problema mayor. "La persona se introduce en un círculo vicioso que perpetúa el aumento de la ingesta", apunta Lecube. ¿Cómo?

  1. Quien come sin mesura cada vez que pasa por un mal momento, al final padece obesidad.
  2. La obesidad conlleva no sentirse bien con uno mismo.
  3. Para evitar enfrentarse al problema de autoestima, la persona opta por comer, lo que implica más ingesta, más obesidad e incluso depresión.

Cómo salir del bucle

Para domar la gula, el doctor Lecube y la psicóloga Vidal hacen una serie de recomendaciones:

  • Lo primero es ser consciente de que el problema con los atracones existe.
  • ¿Restringir las comidas? No se trata de hacer una dieta.
  • No compres alimentos hipercalóricos ni que se consuman inmediatamente.
  • Los aperitivos más apetitosos, a los muebles más altos.
  • Ante el ataque de gula, para y reflexiona.
  • Reacciona: practica otras actividades para no dejarte llevar por el impulso de comer.
  • Pide asesoramiento psicológico.