Mujeres
Varias mujeres pasean por una calle. ARCHIVO

Ellas están convencidas de que ya ponen todo de su parte para que la sociedad sea igualitaria. Se han incorporado al mundo laboral y educan a sus hijos ahuyentando roles. Hacen malabares con el tiempo, a costa del suyo propio. No se sienten víctimas, pero tampoco iguales, todavía.

Son mujeres españolas del S.XXI que, en el Día de la Internacional de la Mujer Trabajadora —que conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro— demandan más apoyo para la conciliación, se revuelven contra la brecha salarial, y reconocen que un techo de cristal bloquea su proyección laboral.

Las mujeres exigen cambios legislativos que garanticen la conciliación y una educación sin roles En medio de una feroz crisis económica, las mujeres aún se sienten más precarias y con menos oportunidades. Notan la falta de servicios sociales, de becas  de comedor o de ayudas de la dependencia. Y son para ellas con más frecuencia los contratos temporales y subempleos, con cotizaciones inferiores y mayor pobreza.

Además, su desempleo se ha incrementado más del doble en cinco años, al pasar del 10,9% al 22,2%, según UGT. En su informe, el sindicato destaca que si en un principio la crisis afectó sobre todo a los hombres ahora "tiene cara femenina" a causa de las políticas de recortes que "afectan en primera instancia a la igualdad".

Ellas exigen cambios legislativos que garanticen la conciliación; ponen el foco de la erradicación del sexismo en políticas de igualdad "reales" y en una educación sin roles. Eso sí, cuando miran a su entorno más próximo, la mayoría encuentra jefes más sensibles que los de antes con su realidad familiar y maridos más activos en el reparto de tareas. Pero entonces se consideran unas "afortunadas".

Pilar Duque. 36 años. Subdirectora de oficina bancaria. Madre soltera por elección.

Pilar Duque.Tiene 36 años y es subdirectora de una oficina bancaria en Madrid. Hace un año nació su hijo Nicolás, por inseminación artificial y donante anónimo. Esta socia de Madres Solteras por Elección, veía que se acercaban los 40 y tras un par de relaciones fallidas apostó por su deseo de ser madre. La vida le ha cambiado, cuenta, pero por la maternidad más que por ser soltera. "Que no somos ningunas heroínas. Llevo la vida de cualquier otra mujer con uno, dos o tres hijos que tenga pareja, porque casi siempre son las mujeres las que se hacen más cargo", explica. Si bien no padece ni ha padecido discriminación laboral alguna por ser mujer, si piensa que aún no se ha conseguido la igualdad real. "Sigue habiendo demasiados casos en los que las mujeres  no pueden optar a puestos por ser mujeres, otras que ganan menos que sus compañeros y demasiados trabajos en los que no se facilita la conciliación. Parece que los jefes no hubieran tenido hijos". Pilar concilia bien trabajo y familia, pero reconoce que existe una "barrera psicológica". "Las mujeres tenemos complejos. Si el niño está malo, internamente creemos que van a pensar que como soy mujer y madre ya trabajo menos, pero es algo más psicológico que real". Respecto a la educación de su hijo, Pilar quiere "que Nicolás lo vea tan natural que ni siquiera tenga que decirle que las mujeres son como los hombres, pues sería como decirle que los rubios son como los morenos".

Laura García. 31 años. Licenciada en Antropología y Humanidades. Parada-precaria.

Laura GarcíaCon 31 años y una licenciatura en Antropología y Humanidades, Laura García está en el paro —como otras 2.536.500 mujeres en España—una experiencia que está narrando en su blog paradaprecaria. Tras cuatro años de becaria, Laura se encontró en enero de 2012 sin trabajo y sin derecho a prestación. Lleva un año "trampeando" con colaboraciones, de falsa autónoma, "como se puede". Al principio sufría mucha inquietud y miedo. Ahora ve que todo está tan mal que solo le queda tirar para adelante "con lo que le salga". En precario, es decir, con mucho trabajo y poco dinero. Laura dice no haber vivido la discriminación en sus carnes, pero descarta por completo que la española sea una sociedad igualitaria. "Ahí están", dice, "los estudios y las estadísticas". Opina que las mujeres lo tienen peor en tiempos de crisis para encontrar trabajo, sobre todo si tienen cargas familiares. "Es innegable que las interrupciones por maternidad siguen siendo una dificultad". Confiesa que si bien su situación no ha supuesto la paralización de su proyecto vital, sí le molesta que el trabajo sea la única garantía de acceso a derechos sociales y la única vía de construir una identidad social. "La gente no te pregunta qué haces para mejorar esta sociedad, sino de qué trabajas", se lamenta.

Shaida Elhcmi, 38 años, dueña de una frutería. Casada. Dos hijos, de 11 y 8 años.

Shaida ElhcmiShaida trabaja seis días a la semana y tarda una hora (y tres transbordos) en ir desde Getafe, donde vive, a Ciudad Lineal, donde tiene su frutería. Llega a las diez a su tienda. Como su marido madruga para ir a comprar género a Mercamadrid, ella lleva a sus hijos al colegio. Asegura que todo le cuesta mucho y para que la conciliación sea real está dispuesta a traer a sus hijos a un colegio cerca de sus trabajo. Piensa que las cosas no han cambiado socialmente. "Aquí en la tienda vienen muchas más mujeres, amas de casa, que hombres a hacer la compra". Lo que tiene se lo ha ganado a pulso: "Trabajo mucho, incluso los sábados, así que al final solo tengo el domingo para descansar y para mi familia".

Conso Martínez. 38 años. Profesora de Infantil. Madre de dos hijos, de 6 y 2 años.

Conso MartínezEn su día a día, esta maestra de infantil de 38 años solo tiene unos minutillos para ella. "Mientras me tomo el café de la mañana y los niños aún duermen". Cuando se levantan comienza su intensa jornada: desayunos, cole, trabajo. Este año tiene que bregar en el aula con 25 niños de tres años. "Es muy bonito, pero agotador", reconoce. Los días que no tiene reuniones en la escuela puede ir buscar a sus hijos al colegio. Después, visita al parque, baños y cena, tareas que comparte con su  marido. En el trabajo ella no sufre discriminación, "si somos casi todo mujeres", dice. Sí la sufrió como madre, al negarle el médico una baja a las 36 semanas de gestación. Lo suyo es la educación y preguntada por el sexismo opina que "todavía se estimula y se habla de diferente forma a los niños y a las niñas", aunque se procura que cada vez compartan más. "En mi clase los niños tiran más hacia el rincón de los coches y las niñas a las casitas", explica. La maestra cree que no hay igualdad real. "Inconscientemente nos hemos repartido por roles nuestra convivencia", aunque nota avance en su generación, "antes los padres ni se relacionaban con los hijos" y su marido ha sido pionero en pedir una excedencia para el cuidado de su segundo hijo. En su opinión, hacen falta políticas de igualdad que ahora "brillan por su ausencia" y tiene que ser reales, "no vale con más guarderías y tener a los niños institucionalizados". Ella sugiere que la baja paternal "sea de 30 días y obligatoria".

Susana Pagés. 36 años. Diseñadora de moda y empresaria de Sevilla. Soltera, sin hijos.

Susana Pagés.Susana Pagés mantiene que aún hay empresarios que prefieren contratar a un hombre antes que a una mujer. "Afortunadamente", cada vez son menos, explica.  Asimismo, asegura que hay que seguir promoviendo un "cambio de mentalidad", mediante la formación y la educación "en casa". Por otro lado, la conciliación laboral y familiar es una tarea "complicada". Es necesaria la ayuda de las parejas, pero, sobre todo, de las administraciones para lograrla.  Su día arranca a las 7.30 h. Sobre las 8.30 h sale de casa para reunirse con su socio y planificar el día. Luego, atiende a proveedores y a las primeras citas del día. A las diez abre su tienda, ubicada en el centro de Sevilla capital, y allí permanece hasta que echa el cierre a las 13.30 h. Por la tarde, permanece en la tienda entre 17.30 y 20.30-21.00 h, aproximadamente. Cuando cierra, es el momento de las entregas o de asistir a algún evento. Los sábados vuelve a abrir su negocio, aunque hasta mediodía, porque las tardes son para permanecer en el estudio, según la temporada, ultimando diseños y encargos o preparando nuevas colecciones. Los domingos, para "descansar".

Esther González, 42 años. Trabaja en una asesoría. Casada y con una hija.

Esther GonzálezEsther se confiesa "afortunada" al haberle permitido su trabajo conciliar la vida laboral y familiar. Sin embargo, más que por un avance en las leyes, asegura que es gracias a que sus jefes siempre se han mostrado comprensivos y flexibles con todas las situaciones que han ido surgiendo desde que tuvo a su hija Alba. Desde enfermedades hasta festivales escolares. Su marido José trabaja en un Ayuntamiento, así que, como entra a trabajar a las 8 de la mañana, es ella la que se encarga por las mañanas de preparar a Alba para desayunar y acompañarla a la parada de autobús para ir al colegio, donde siempre la esperan sus padres o sus suegros para llevarla hasta el colegio. Por las tardes, todo es más fácil ya que su marido ya está liberado del trabajo. Esther asegura que sin la ayuda de los abuelos les sería "mucho más difícil" organizarse.

Mª José Trillo. 41 años. Auxiliar de Enfermería y delegada de CSIT. Casada, dos hijos.

María José TrilloMaría José tiene su puesto de trabajo —en el servicio de farmacia de un hospital— aparcado desde hace unos meses para dedicarse a la labor de delegada sindical (CSIT). Decidió enrolarse en el sindicato para dar voz a las problemáticas de sus compañeros. Durante años lo compaginó con el trabajo de enfermera. Si es complicado aunar vida familiar y empleo, el ingrediente sindical añade aún más complejidad. En el hospital, donde son mayoría mujeres, no percibe discriminación sexista. La sanidad es un área con mucha representación femenina y además, "cada vez hay más mujeres entre los residentes", dice. Está casada y tiene dos hijos, de 9 y 13 años. A diario se reparte la crianza con su marido a partes iguales, pero últimamente, con la Sanidad madrileña en lucha por los recortes, ha pasado muchas noches encerrada en el hospital. "Tirando de marido" es como logra que la ecuación de su vida cuadre. "Nos intentamos compaginar, en eso hemos puesto mucho empeño", aunque reconoce que aún tienen tareas marcadas por sexos. "Si no le gusta hacer determinada cosa no se la pido, pero a mí tampoco me gusta encargarme del coche", dice. A su hijo, que es el mayor, le pide más responsabilidades que a su hija, como ordenar su cuarto y hacerse la cama. Ella opina que la convivencia sería más fácil si las mujeres educaran por igual a hijos e hijas. Y sí, considera que ahora las mujeres están "seriamente" perjudicadas: "Hemos salido de casa y seguimos asumiendo la casa".

Conchi Llobet. 64 años. Maestra prejubilada y voluntaria. Vive en pareja. Dos nietos.

Conchi LlobetEsta vecina del barrio del Clot de Barcelona siempre ha sido muy activa, quizá por la energía que le transmitían sus alumnos pues ha sido maestra durante 42 años, la mayoría de ellos en jardines de infancia. De ahí que tuviera dudas cuando le plantearon la posibilidad de prejubilarse hace cuatro años. "Tenía muy claro que no me iba a quedar en casa, no soy una ama de casa", explica Conchi, quien sigue vinculada, más si cabe, al mundo educativo. Cada mañana imparte dos horas y media de refuerzo de matemáticas, catalán, lectura, naturales y plástica a alumnos de segundo ciclo de Infantil de dos escuelas. A menudo atiende a niños recién llegados pues "con tantos recortes no ha personal para estas cosas". Además, los jueves por la tarde da clase a niños con cáncer en un hospital para que no pierdan el ritmo. "Los niños te dan vida y te enseñan, te dan lecciones de vida, no se quejan, son valientes... Todavía me sorprenden", admite Conchi, quien ocupa las tardes de los lunes, miércoles y viernes en cuidar de sus nietos: Pol, de dos años, y su hermana Júlia, de ocho. "Lo hago para ayudar a mi hija pero también porque me gusta ver cómo crecen".