El ex dirigente de las Juventudes Socialistas y actual diputado del PSOE, Eduardo Madina, declaró ayer como testigo en el juicio contra los dos presuntos etarras que atentaron contra él en febrero de 2002.

Madina declaró que el objetivo de la bomba lapa que colocaron en su coche era matarle y que «o bien me salvó mi estatura ( 1,91 m) o estaba mal colocada». Perdió una pierna.
Después, relató lo duros que fueron los meses siguientes: «En mi casa se hizo de noche. Una sombra de pena y de tristeza envolvió a mi familia», dijo. Tanto él como su padre y su madre sufrieron una profunda depresión. Él, hijo único, y su padre la superaron, pero su madre no y murió a los 10 meses de un infarto.

Para los acusados, Iker Olabarrieta y Asier Arzalluz, se piden 20 años de cárcel por asesinato terrorista en grado de tentativa.

Cese de la ‘kale borroka’

Por otra parte, Arnaldo Otegi aseguró que Batasuna «no tiene previsto» pedir a sus bases que cese la violencia callejera. Otegi considera que esta petición sería «manipulada» y recordó que no se hará hasta que los gobiernos central y vasco rebajen «los niveles de agresión» contra el entorno abertzale.

Su compañero de filas, Pernando Barrena, respondió a las críticas por el rebrote de la kale borroka acusando al Gobierno de «patrocinar la violencia».

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, señala en una entrevista que hoy publica el diario francés Le Figaro, que «la pelota está en el campo de ETA», de manera que si la banda quiere dar pasos adelante el Gobierno hará otro tanto.

El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, reconoció ayer que el proceso atraviesa «dificultades inmensas». Y el juez Baltasar Garzón negó que el Gobierno esté ejerciendo «presiones» sobre los jueces y que «no es verdad» que Zapatero no esté luchando contra ETA.