Natividad Vázquez

Cada día de esta semana (dedicada por las ONG a los 30.000 sin techo españoles) 20 minutos retrata a uno de ellos.
Natividad Vázquez. (Sergio González).
Natividad Vázquez. (Sergio González).
«Tengo novio, me siento como una cría de 15 años».

¿Para qué buscar a Dostoievski en las librerías? Los 47 años de Nati Vázquez contienen toda la obra del maestro de la niebla del alma. Lo grande del asunto es que ella no lo sabe. Nati no admite la palabra desgracia. Nati duerme con el mejor Chanel: una camisa de su «chico» (Julio, 50 años), sin techo como ella.

«Voy a por los dientes para la foto». Artificio, cero. Todo impulso. Reclamando el derecho a no crecer nunca más, a sentirse siempre tan niña como cuando está con Julio.

Lo conoció en uno de los muchos centros sociales de los abandonados, un parque, y se hablaron con la romántica y deliciosa excusa para el amor que el Ministerio de Sanidad considera  ahora delito, un cigarrillo. «Es verle y temblar. Día que no le veo, día de llanto. Me hace olvidarlo todo, todo...».

El «todo» de Nati no tiene nada que ver con nuestros miserables pedacitos de algo. Es un todo tangible, rugoso: abandonada por mamá a los seis días de nacer («me dijeron que estaba muerta»), separada del hijo que tuvo hace 27 años y de las dos hijas de éste («viven en Navalmoral de la Mata, pero no quieren verme, estar lejos de mis nietas es como si me arrancaran las piernas»), hermana de un choricillo asesinado a cuchilladas por una pandilla que lo consideraba chivato («fue una venganza macabra, tenía 17 años y la vida entera por delante»)...

La calle no la ha ensuciado. «Estoy limpia de alcohol. Nunca me gustó ...», dice. A los tres segundos, matiza: «Bueno, escriba que algún porrillo sí  he fumado».

¿Sueños?  «Una casita y estar con mi chico, con Julio, ¿quiere verlo?». La foto de carnet muestra a un hombretón rubio («de San Sebastián y con muy mala leche», ríe Nati). «Ahora entiende por qué estoy así, ¿verdad? Lo olvido todo por él, incluso no poder ver a mi hijo y mis nietas».

Y mañana... Héctor Escalante.

«Tengo 25 años. He aprendido que el corazón no sirve para nada en esta sociedad».

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