Vecinos de un pueblo de Valencia vuelven a celebrar sus fiestas lanzándose ratas muertas

  • Algunos particulares llevaron los roedores, pese a estar expresamente prohibido.
  • Antiguamente estaban metidos en peroles que los festeros rompían con un bastón, para lanzarlos posteriormente.
  • Pese a la prohibición, no había ni un solo agente de la autoridad en la plaza.
En el pueblo de El Puig (Valencia) se celebra una polémica fiesta que consiste en lanzarse entre ellos ratas muertas.
En el pueblo de El Puig (Valencia) se celebra una polémica fiesta que consiste en lanzarse entre ellos ratas muertas.
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La localidad valenciana de El Puig celebró este domingo sus tradicionales fiestas de Sant Pere, patrón de la localidad.

Con motivo de esta celebración, con más de 600 años de historia, se realizan una gran cantidad de actividades durante todo el fin de semana, como degustaciones populares de sus exquisitas calderas de arrós amb fesols i naps (arroz con alubias y nabos), exposiciones o danzas y cantos autóctonos.

Sin embargo, hay un acto que destaca por encima de todos: el lanzamiento de ratas muertas.

Este extraño ritual se venía produciendo años atrás en las clásicas cucañas que se realizan en la plaza de la Constitución, en las que los quintos de las fiestas de Sant Pere rompen unos peroles de barro en los que, entre otras cosas, estaban metidos los roedores. Los festeros los cogían y se los lanzaban al resto de los ciudadanos presentes en el acto.

Sin embargo, varias asociaciones de defensa de los derechos de los animales denunciaron esta práctica por "salvaje y poco higiénica" y, tras la polémica edición del año pasado, en la que incluso algunos de los participantes agredieron a dos periodistas que cubrían el evento, el Ayuntamiento de la localidad se comprometió a eliminar las ratas de los peroles.

Dicho y hecho. En la jornada de este domingo, solo había caramelos y pequeños juguetes en los peroles. Sin embargo, algunos particulares llevaron los roedores por su cuenta, para regocijo de los aproximadamente 300 presentes, que comenzaron a entonar un grito: "¡ratas, ratas!". Y las ratas aparecieron.

Alrededor de una decena de enormes ejemplares muertos comenzaron a ser lanzados de punta a punta de la plaza. Hasta los niños se divertían cogiéndolas y tirándolas, ante los aplausos y risas de unos, y el asombro y la incredulidad de otros.

Pese a la prohibición, no hubo durante el acto ningún policía local ni Guardia Civil, tal y como comprobó in situ 20 minutos. Al parecer, los agentes estaban en la feria de atracciones que rodeaba el monasterio.

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