Andreu Martín
Las últimas novelas de Andreu Martín son 'Cabaret Pompeya' y 'Sociedad Negra' Elena Palacios

¿Diría usted que Cabaret Pompeya (Siruela) es la gran novela policíaca sobre Barcelona?
Tuve la suerte de encontrar a un gran amigo que me exigió la mejor novela negra sobre Barcelona. Si lo he conseguido o no, eso no lo sé. Pero sí nació con esa pretensión: agotar el tema de la novela negra histórica en Barcelona.

¿Por qué eligió la preguerra, guerra y posguerra civil?
Porque para mí es muy importante. Mi padre me hablaba de los años precedentes de aquella época con mucha épica. Y quería agotar todo lo relacionado con la Barcelona de las pistolas. Quise pasar por encima de la Guerra Civil, pero me topé con mayo del 37 en Barcelona, que era un vaticinio de lo que iba a ocurrir con la izquierda en el futuro. La novela se ha convertido en un homenaje a la generación anterior a la mía y está hecho con una admiración desbordada.

¿Si tuviera que escribir una novela negra sobre la actual situación de Cataluña?
La escribiría, pero ahora mismo estoy más motivado por el país y por el mundo occidental en general que por la pequeña anécdota de lo que pasa en Cataluña. Estoy tentado , y no lo descarto, de escribir una novela que trate de reflejar el choriceo y la delincuencia actual. Es lo que más me preocupa.

¿Cómo valora el panorama actual de la novela negra española?
Estoy entusiasmado. A finales de los 70 y 80 hubo en España un boom de novela negra, surgimos unos cuantos, pero no generamos frutos. Me fui quedando solo, vi cómo los que antes escribían novela negra me iban abandonando. Hoy es otra cosa. Ahora mismo estoy leyendo el libro de Dolores Redondo, que acaba de publicar su primera novela negra y estoy encantado. Únicamente he leído el primer capítulo, pero me digo mientras la leo: qué bien que se esté escribiendo novela negra en serio y no como antes, que parecía que el escritor tenía que pedir perdón por escribir de esas cosas. Al leer esta autora ves que controla el protocolo policial y judicial y que está documentada y que desde luego aspira a la buena literatura. Y esto se tiene que celebrar con cava y serpentinas.

Estoy más motivado por el mundo en general que por la pequeña anécdota de lo que pasa en Cataluña"Sé que es una pregunta comprometida, incluso puede que de mal gusto, pero permítame la licencia: ¿con qué autores españoles de novela negra se queda?
Los primeros, Carlos Zanón y Cristina Fallarás. Willy Uribe es un descubrimiento. Obviamente, Silva y desde luego Domingo Villar, que es uno de mis favoritos. Pero es que dar estas respuestas no me gusta, porque siempre se omiten tantos nombres tan buenos...

Su libro Sociedad Negra (RBA), terminado antes del Caso Emperador, se adelantó a los acontecimientos, adentrándose en las mafias chinas. ¿Cómo se quedó usted cuando vio que su ficción se hacía realidad?
Es uno de esos casos en que la ficción supera la realidad. Lo digo, porque odio la frase inversa: la realidad supera la ficción. Yo me inventé tímidamente unas tríadas que movían un dinerillo que al lado del que luego ha sido en la realidad ha dejado en ridículo mis cifras. Sociedad Negra nace cuando pienso: ¿cómo es posible que no existan tríadas en Barcelona, si está hermanada con China, si nos compran la deuda externa? Como todos me negaban que las hubiera (bueno, todos no, la policía no me lo negaba), pues me lo inventé.

¿Por qué antes no se hablaba de la mafia china?
Porque es una comunidad que vive encerrada, que viene aquí a ganar dinero y a volver a su país con todo lo obtenido. La mafia china, que es una minoría ni muchos menos son todos los chinos que vienen, en quien se ceba es en los chinos, no en los blancos. Son muy respetuosos con los blancos. La tríada, cuando prostituye, lo hace con chinas; cuando extorsiona comercios, es a comercios chinos; cuando secuestra, también secuestra a chinos y no a blancos. Eso lo hace ajeno a nosotros. Hasta que pasan cosas coomo las del Caso Emperador.

¿Quién es para usted el padre de la novela negra española?
Tres. El primero e indiscutible Vázquez-Montalbán, que publicó en todos los idiomas y dignificó nuestra novela negra. Fue el cónsul que nos abrió el camino. El segundo: Manuel de Pedrolo, por la colección que fundó en los sesenta, La Cua de Palla, en la que publicaba a Hammett, Simenon, Chandler, Agatha Christie... Muchos nos iniciamos en la lectura de novela negra gracias a esa colección. Fue un germen para autores de novela negra. Y el tercero: el argentino Juan Carlos Martini, que dirigió la colección Novela Negra en Bruguera.

¿Por qué cree que ha estado tanto tiempo relegada a un segundo plano?
En los 80 caímos en el error de querer dignificarlo. Y digo que es un error con intención: porque sólo se quiere dignificar algo que no se considera digno. Ése fue nuestro fallo. La novela negra nació en la Transición como liberación de varios yugos. En aquella época la novela se valoraba por la técnica y no por la historia. La novela negra fue una respuesta a eso. Todavía hoy es un método de liberación por su crítica social, y con la que nos está cayendo encima, todavía tiene más sentido ese grito de liberación. Además de ser novela, es útil y es importante, porque está conectada con la realidad. Yo he sido el resistente que cuando se apagó el boom de los ochenta me fui quedando solo. Después se ha recuperado. La historia es que no se trate de una moda, y quizá en los ochenta fue lo que ocurrió. Aquí parece que está de moda la novela histórica y entonces los de negra y erótica nos morimos de hambre, y viceversa. Y eso es lo que no tendría que suceder.

¿Cree que algún día un escritor de novela negra ganará un Nobel?
Yo se los daría siempre a autores de novela negra, tanto por su calidad literaria como por la estructura interna de sus obras, que es mucho más resistente que muchas de las que han ganado el Nobel. Pero como sé que no será así, pues no me preocupo lo más mínimo por eso.