La reina María Victoria dal Pozzo della Cisterna
La reina María Victoria dal Pozzo della Cisterna. LittleFrog / WIKIPEDIA

A la sombra de las grandes figuras históricas del siglo XIX español, hubo una mujer, María Victoria dal Pozzo della Cisterna, cuyo efímero y singular reinado habían dejado relegada al olvido. Ahora la periodista Carmen Gallardo la rescata en su primera novela, La reina de las lavanderas.

Atraída por el papel de la mujer en la monarquía española, la autora cayó irremediablemente en la tentación de adentrarse en un personaje que protagonizó un periodo histórico que aún hoy está plagado de incógnitas, el reinado de la dinastía de los Saboya.

María Victoria dal Pozzo compartió tres años escasos (1870-1873) junto a Amadeo de Saboya el trono español, al que la pareja llegó tras el derrocamiento de Isabel II organizado por los generales Prim, Serrano y Topete, y que abandonaron con el regreso de los Borbones.

Siempre a la sombra de su marido y de las circunstancias históricas de un mundo cambiante, María Victoria dal Pozzo (1847-1876) fue una "reina pequeña", y no sólo por su breve paso por la corte española.

Nunca supo asumir los roles y la actitud que cabía esperar de una reina en el siglo XIX: derroche, opulencia...Nacida en Turín en una familia de la nobleza italiana, nunca supo asumir los roles y la actitud que cabía esperar de una reina en el siglo XIX. La aristocracia española, acostumbrada al derroche y la opulencia de la corte de Isabel II, no aguantaba a una mujer con "hábitos de burguesa y que no hacía alarde de su riqueza", explicaba hoy Gallardo en la presentación de la novela.

Mandó construir la primera guardería en España

No sólo no malgastaba su fortuna, sino que dedicó gran parte de ella a la beneficencia; una faceta caritativa vinculada con sus fuertes creencias religiosas, y que da título al libro, La reina de las lavanderas.

Acostumbrada a salir de palacio, en uno de sus paseos se dio de bruces con el penoso "espectáculo" de las lavanderas del Manzanares, descubriendo una realidad de miseria y pobreza hasta entonces invisible para ella.

Una visión que golpeó su conciencia, y por la que mandó construir la primera guardería de España, un asilo en Madrid en el que los hijos de las lavanderas pudiera permanecer mientras sus madres trabajaban. Un gesto que hasta ahora se le había adjudicado a María Cristina de Habsburgo.

Las lavanderas fueron las únicas que supieron valorarla"Las lavanderas fueron las únicas que supieron valorarla", afirmaba la autora. Un reconocimiento del que dieron muestra costeando una corona que aún se conserva en el interior de la tumba de la reina en Turín.

Mujer piadosa y de férreas creencias religiosas, llegó incluso a enfrentarse, "dentro de los parámetros de una mujer enseñada para obedecer", a la familia de su esposo, en la que predicaban el laicismo.

Otro de los aspectos que más atrajeron a la autora del personaje fue su vasta formación, llegando a ser la mujer más culta que hasta entonces llegaba a reina de España.

De niña recibió formación en aritmética, filosofía e historia, y aprendió seis idiomas, entre ellos el español, al contrario que Amadeo de Saboya.

Ante el rechazo de la aristocracia, los Saboya les abrieron las puertas de la corte a los intelectuales, y fundaron la Cruz de María Victoria, con la que se reconocían los méritos de músicos y científicos.

La última reina romántica

La reina de las lavanderas va más allá de su trayectoria como reina, y narra la vida de su protagonista desde su nacimiento hasta su temprana muerte a los 29 años, víctima de la tuberculosis.

Murió joven, a los 29 años, víctima de la tuberculosisUna historia la suya "muy romántica en el sentido literario del término", extrema, dramática y con dosis de misterio, a la que Gallardo se atreve a incorporar elementos ficticios, en buena medida por la ausencia de documentación. "Apenas se tienen datos desde que fallece su padre hasta su casamiento. Y sus herederos, los Aosta, no han querido ayudarme", explicaba la periodista.

La infancia de Maria Victoria dal Pozzo fue algo truculenta. Tras el fallecimiento de su padre, su madre perdió el juicio y se encerró con ella y su hermana en el palacio della Cisterna durante tres días para velar el cuerpo del difunto.

Después llegó la muerte de su hermana pequeña y años de encierro y soledad, hasta que el príncipe Amadeo de Saboya, hijo del primer monarca de la unificada Italia, la rescató.

Una unión que años más tarde constituiría el proyecto democrático más importante de la España del siglo XIX, y que se desmoronaría prácticamente antes de echar a andar, cuando su valedor, el general Prim, fue asesinado en 1870.

El libro, a la venta desde la semana pasada y editado por La esfera de los libros, recoge además diversas fotografías, algunas de ellas tomadas por la propia Gallardo y otras procedentes de archivos y catálogos. El álbum de una mujer que nunca contó con el favor de su pueblo, pero que "hizo muchísimo por él", concluía Gallardo.