Barack Obama
El presidente estadounidense, Barack Obama, durante un mítin el miércoles 26 de septiembre de 2012, en Kent, Ohio (EE UU). EFE/DAVID MAXWELL

El presidente de EE UU, Barack Obama, realizó este lunes una enérgica defensa en Michigan de los sindicatos como una fuerza que ha construido a la clase media del país, en vísperas de una marcha multitudinaria en contra de una ley estatal que limitaría la influencia de los gremios.

"Lo que no deberíamos estar haciendo es intentar eliminar los derechos de ustedes de negociar mejores salarios y condiciones laborales", dijo Obama al visitar una fábrica de motores de Daimler en las afueras de Detroit (Michigan).

"Estas leyes denominadas como 'derecho al trabajo' no tienen que ver con la economía, tienen que ver con política, y (sus promotores) lo que quieren es darte el derecho a trabajar por menos dinero", ironizó Obama.

Interrumpido por aplausos, Obama señaló que tan sólo en Michigan los trabajadores fueron clave en la resurrección de la industria automovilística, y que los sindicatos "han ayudado a construir a una clase media más fuerte y a un EE UU más fuerte".

Competencia por salarios bajos

Según Obama, la "ventaja comparativa" de Estados Unidos no yace en una clase trabajadora sin derechos y con bajos salarios porque, a fin de cuentas, "siempre habrá algún otro país que trate aún peor a sus trabajadores".

En ese sentido, el mandatario urgió abandonar situaciones en las que "se fabrican crisis" con motivaciones políticas porque, a su juicio, eso "conduce a menos certidumbre, más conflicto" y no al crecimiento económico.

Aunque el propósito de su visita a la fábrica de Daimler fue continuar su ofensiva a favor de una prórroga de los recortes tributarios para la clase media, esta es la defensa más enérgica que ha hecho Obama de los sindicatos tras los comicios de noviembre pasado.

Una ley que debilita a los sindicatos

Pero su alocución probablemente llega demasiado tarde, ya que la legislatura estatal someterá este martes a un voto definitivo la medida que establecería a Michigan como el 24 estado de la nación en contar con una ley que debilita a los sindicatos.

La aprobación de la ley estatal, que está prácticamente asegurada, tendría una gran carga simbólica y sería un duro revés para el movimiento sindical en EE UU, que mostró su peso en las urnas en noviembre pasado.

Para sus partidarios, la ley le da a los trabajadores la "libertad" de decidir si quieren unirse o no a un sindicato -y pagar la debida cuota- como condición de empleo.

Los detractores de la ley, entre ellos la mayoría de la maquinaria demócrata, arguyen que ésta deprime aún más los salarios y beneficios de los trabajadores. Se ha convocado para este martes una gran manifestación en Lansing, capital de Michigan, para la que se esperan miles de personas frente a la legislatura estatal, bajo control republicano.

Se apoyan, por ejemplo, en un análisis reciente del Instituto de Política Económica, de corte progresista, que señaló que los trabajadores en estados con las denominadas leyes de "derecho al trabajo" ("right-to-work", en inglés) suelen ganar 1.500 dólares anuales menos que sus pares en estados donde no existen esas leyes.

El gobernador republicano de Michigan, Rick Snyder, se ha comprometido a promulgar la ley en cuanto la reciba, tan pronto como esta semana. De ser aprobada, la legislación entraría en vigor en abril de 2013 pero no afectaría a los contratos colectivos ya existentes.

La mayoría de estados que permite la voluntariedad de unirse a un sindicato en el sector privado están en el sur, y Michigan podría convertirse en el segundo gran estado industrial, tras Indiana a comienzos de 2012, en sumarse a medidas como ésta.

Michigan es cuna de la industria automovilística y los "Tres Grandes" del motor estadounidense, General Motors, Chrysler y Ford, tienen contratos vigentes con el Sindicato de Trabajadores del Automóvil (UAW, en inglés) hasta septiembre de 2015.