El genoma de la abeja descifra las claves de su complejo comportamiento social

  • Este insecto es clave en el estudio de socialización animal.
  • En la colmena se distinguen reinas de obreras.
  • Las obreras consiguen cada vez mejor alimento, ya que al llegar a la colmena reciben algo de ese alimento como premio.
La abeja europea Apis Mellifera ha sido 'descifrada'. (ARCHIVO)
La abeja europea Apis Mellifera ha sido 'descifrada'. (ARCHIVO)
Un equipo de científicos ha descifrado la secuencia genética de la abeja europea, Apis mellifera , un hallazgo que permite conocer mejor a un insecto considerado
un ejemplo clave de comportamiento social y esencial para la naturaleza por su participación en el proceso de polinización.

La investigación, publicada en el número de esta semana de la revista científica británica 'Nature', permite saber más sobre el complejo comportamiento social y los orígenes geográficos de la abeja, que se ha convertido en el tercer insecto cuyo genoma ha sido descifrado, tras la mosca de la fruta y el mosquito.

"La abeja europea es una criatura llamativa, una de las relativamente pocas especies en las que la evolución culminó en una sociedad avanzada", escriben en el artículo los científicos, dirigidos por George M. Weinstock, del Baylor College of Medicine de Houston, EEUU.

En las colmenas, las poblaciones de abejas se distinguen entre las reinas, encargadas de la reproducción, y las abejas obreras, unos trabajadores altruistas que se encargan de la alimentación, de cuidar a los ejemplares jóvenes, de construir nidos y de defender las colonias.

"Extraordinariamente, estas dos castas se desarrollan a partir del mismo genoma", señalan los autores, que dan cuenta, no obstante, del hallazgo de unos microARNs (unos minúsculos reguladores genéticos) que podrían tener un papel en la diversificación social de las abejas.

Las reinas, de las que normalmente hay una por cada colonia, tienen un periodo de vida diez veces superior a las abejas obreras, ponen hasta 2.000 huevos por día y almacenan esperma durante años sin que pierda su viabilidad.

Las obreras, de las que hay decenas de miles en cada colmena, cuentan con sofisticadas capacidades cognitivas, a pesar de que su cerebro contiene sólo un millón de neuronas.

Las abejas obreras aprenden a relacionar el color de una flor, su forma, su aroma o su localización con una recompensa en forma de comida, lo que incrementa su eficacia como buscadores de alimento.

Además, comunican esos descubrimientos con 'el lenguaje de la danza', descifrado por primera vez por el naturalista alemán Karl von Frisch y 'el único lenguaje simbólico empleado por no primates'.

La investigación permite conocer que el genoma de la abeja evolucionó más lentamente que el de la mosca de la fruta y el mosquito de la malaria, los otros insectos cuyo genoma ha sido descifrado.

La Apis mellifera procedía originalmente de Africa, desde donde se extendió a Europa y América en dos migraciones por separado, según los científicos.

Las tristemente célebres abejas 'asesinas' africanas, Apis mellifera scutellata, fueron introducidas en Brasil en 1956 y ha reemplazado prácticamente a las abejas europeas que quedaban en la región.

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