Un 'centurión' irrumpe en una basílica romana y provoca daños en una balaustrada de Bernini

  • Pateó la puerta y derribó todo lo que encontraba a su paso: sillas ceremoniales, bancos y hasta a un feligrés.
  • Mientras gritaba "dentro está Dios que es el diablo y debe ser matado", consiguió arrancar con las manos el mármol de la balaustrada.
  • Ha sido detenido bajo los cargos de interrupción de ceremonia religiosa y ofensa a lugar de culto y a la religión, entre otros.
La basílica de Santa Francesca Romana, vista desde el Foro Romano.
La basílica de Santa Francesca Romana, vista desde el Foro Romano.
Marcok

Un hombre vestido de centurión causó el sábado daños en una balaustrada policromada del maestro barroco Bernini en la basílica de Santa Francesca Romana de la capital italiana, cuando el sacerdote oficiaba misa, informan los medios de comunicación.

El 'centurión' irrumpió furioso en la basílica, pateó la puerta de madera y derribó todo lo que encontraba a su paso: sillas ceremoniales, bancos y hasta a un feligrés que oraba de rodillas.

En su recorrido destructor el hombre gritaba: "Dentro está Dios que es el diablo y debe ser matado", y logró arrancar con sus manos el mármol policromado de la balaustrada de Bernini frente al altar y dañar tres pequeñas columnas del genio napolitano.

"Parecía un loco, se había casi desnudado y pronunciaba frases injuriosas, sin sentido", explicó el sacerdote y párroco del templo, el benedictino padre Virgilio.

La basílica, conocida también como Santa María Nova, se encuentra a la altura de los Foros Imperiales cerca del Coliseo, donde el hombre, un milanés de 30 años y con historial psiquiátrico, solía trabajar como figurante vestido de centurión posando en fotos con los turistas a cambio de una propina.

Quería golpear una estatua

Según el padre Virgilio, la intención del "centurión" era golpear la estatua de Santa Francesca Romana que se exhibe al final de la balaustrada, aunque la original ya ha sido retirada y está guardada.

La furia destructora habría continuado —señalan los medios— si el hombre no hubiera sido sujetado por dos restauradores que se encontraban en ese momento en el templo, a los que se sumaron más tarde tres policías urbanos.

Cuando parecía calmado, la emprendió a puñetazos y patadas contra los policías, que sufrieron contusiones y tuvieron que utilizar un spray paralizante.

El hombre fue detenido bajo los cargos de interrupción de ceremonia religiosa, ofensa a lugar de culto y a la religión, daño agravado de la cosa pública, además de amenazas, resistencia, violencia y lesiones a oficiales públicos.

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