'Laurette in a Green Robe, Black Background' - 'Laurette Seated on a Pink Armchair'- 'Meditation (Portrait of Laurette)'
Tres retratos de Laurette realizados entre 1916 y 1917 Henri Matisse - © 2012 Succession H. Matisse / Artists Rights Society (ARS), New York

Henri Matisse (1869-1954), uno de los artistas de más talento de la primera mitad del siglo XX, tenía fama de ser un hombre seguro de sí mismo, que pintaba sin dudas, con una naturalidad innata que algunos críticos asemejaban al acto involuntario de respirar. No se habla con frecuencia de la dificultad del creador para plasmar sus ideas sobre un lienzo. Cuestionaba, volvía a pintar y reconsideraba cualquier obra, era su espectador más estricto.

Matisse: In Search of True Painting (Matisse: en busca de la pintura verdadera) es la exposición estrella del museo Metropolitan de Nueva York para este invierno. La pinacoteca inaugurará el 4 de diciembre una muestra con 49 lienzos de colores vibrantes que documentan el proceso perfeccionista de repetición, cambios y versiones a los que sometía cada idea.

El 'joven marinero' deformado

En sus comienzos solía tener en la cabeza los trabajos de Paul Cézanne y Paul Signac en mente. Copiaba a los maestros para entrenarse, pero con pinceladas, colores y técnicas que cada vez se alejaban más de la imitación. En 1906 retrató a un adolescente en un pueblo pescador (Joven marinero I). La segunda versión fue fundamental: la figura tenía colores planos y la deformación producía un efecto tan drástico que Matisse no se atrevió a atribuirse el dibujo: dijo a sus amigos que Joven marinero II lo había pintado un vulgar cartero local. Con el curioso par de trabajos, el artista inició el camino hacia el fauvismo.

La segunda versión era tan radical que Matisse dijo que la había pintado el cartero La experiencia le sirvió para seguir con una concatenación de pinturas que le ayudaron a despegarse progresivamente de las formas definidas. La exposición incluye el trío de obras tituladas El lujo (1907-1908), testimonios claros del entusiasmo por el nuevo método. Vistos en conjunto, los trabajos revelan lo que intrigaba al autor en aquel momento: la duda sobre el momento en que una obra se podía considerar terminada.

Fotografías de los cuadros

El siguiente paso fueron las series. Entre 1916 y 1920, Matisse creó colecciones de dibujos y lienzos que en conjunto capturaban la esencia de un mismo motivo. En los años treinta incorporó la fotografía a sus experimentos para inmortalizar el proceso de algunas de sus obras y poder pintar directamente encima de ellas, desfigurarlas mientras las comparaba con su antiguo aspecto. Matisse siguió aferrado al cambio, exponiendo en años posteriores esas fotos para que el espectador fuera partícipe de la receta.

Utilizaba las obras terminadas como herramientas, repitiendo composiciones para comparar el efecto con respecto a la anterior. Con el proceso de criba, deseaba contemplar por fin "la pintura verdadera". El trabajo por series no es exclusivo de Matisse, pero sí que resulta infrecuente la necesidad de emprender un camino de lienzo en lienzo: el artista es inventor de un progreso metódico que recuerda al avance de las casillas del tablero de un juego de mesa.