Voladura en Kodak
Dos de los edicios del complejo central de la multinacional Kodak, en Rochester-Nueva York, son volados el 6 de octubre de 1997 Robert Burley- Princeton Architectural Press

Es un libro dedicado a redactar, con palabras e imágenes, un obituario sobre la muerte de la fotografía tal como la conocíamos hasta hace apenas diez años. El "radical e irrevocable" cambio de paradigma del arte de obtener, procesar y copiar imágenes ha sido fulminante: la fotografía digital ha derrotado y prácticamente borrado del mapa a las técnicas tradicionales basadas en la película química en apenas diez años, dice el autor.

Robert Burley, coordinador del área de fotografía en la Facultad de Artes de la Imagen de la Universidad de Ryerson, en Toronto (Canada), es el autor de la melancólica despedida. Le ha dado la forma conveniente, el libro —físico, analógico— The Dissappearance of Darkness: Photography at the End of the Analog Era (La desaparición de la oscuridad: la fotografía en el final de la era analógica). Acaba de salir de la imprenta y lo distribuye la editorial Princeton Architectural Press.

"Tocar, oler, moverse"

El autor, que también es un conocido fotógrafo dedicado al estudio de las relaciones entre la naturaleza, la arquitectura y las ciudades, reconoce en el prólogo de la obra que todo se ha acabado para la fotografía analógica. "Está claro que el oscuro, químico y físico tipo de fotografía con la que conviví durante la primera mitad de vida no sobrevivirá hasta la segunda. Mi experiencia haciendo fotos, que implicaba no solamente ver, sino también tocar, oler y moverse por cuartos oscuros con bandejas llenas de baños químicos y con luces de seguridad, se ha extinguido. Ha sido reemplazada por instrumentos electrónicos, que me permiten, aunque algunos dirían que me obligan, a manipular datos inmateriales en una pantalla brillante", añade.

Desde hace seis años Burley ha recorrido el escenario físico dónde se ha desarrollado la desaparición de la fotografía clásica. Todo empezó para él por casualidad, cuando decidió ir a retratar el cierre de la fábrica de Kodak en Toronto, decidido en 2005 por la empresa, que estaba a las puertas de una bancarrota. A partir de entonces desarrolló el proyecto que vertebra el libro, The End of Film (El final de la película), un reportaje de más de sesenta fotografías —analógicas, por cierto— con demoliciones de factorías en varios países del mundo y cierres de negocios familiares que antes se dedicaban al activo negocio del revelado y copiado de fotos.

La primera foto de la historia

Burley documentó las voladuras en 2007 de empresas filiales del imperio Kodak —que llegó a tener una plantilla de 145.000 trabajadores—. Ambas tenían una gran carga simbólica: varios edificios de la enorme sede central de la empresa en Rochester-Nueva York (EE UU)  y la factoría de Chalon-sur-Saône, cerca de Dijon (Francia), el lugar donde el inventor Joseph Nicéphore Niépce hizo en 1827 la primera foto de la que se tiene constancia.

Visitó las sedes abandonadas de Agfa, Polaroid e Ilford The Dissappearance of Darkness también incluye fotos del inmenso cuartel general, hoy abandonado, de Agfa en Amberes (Bélgica), una empresa fundada en 1867 y de gran éxito por sus películas en blanco y negro, papeles de revelado y químicos, que también se declaró en bancarrota y sólo mantiene una pequeña división de emulsiones para placas médicas, y las instalaciones, también cerradas, de Polaroid en Massachusetts (EE UU) y de Ilford en Manchester (Reino Unido).

Peregrinación al laboratorio del último Kodachrome

Finalmente, a finales de 2010, Burley participó, junto con miles de personas, en la "peregrinación" al laboratorio Dwayne’s Photo Lab, en Parsons-Kansas, para estar presente en el último proceso de de la mítica película Kodachrome. Del lugar salió convencido de que había asistido a uno de los "últimos suspiros" de la fotografía analógica.

Continuaré mi marcha de espaldas hacia el futuro Burley concluye recordando las palabras del pintor francés Paul Delaroche en 1839 tras ver por primera vez una foto: "A partir de hoy la pintura está muerta". Que las tecnologías "son para ser transformadas, redefinidas y reinventadas" le permite un atisbo de esperanza: "Si este libro es un obituario de la película y el proceso milagroso que la hizo posible, también puede ser un ejemplo de que todo es posible. En el presente, tras capturar este mundo oscuro y que se desvanece bajo una luz que espero que sea tierna, continuaré mi marcha de espaldas hacia el futuro".