'Amalgamated Building - Daniel Agdag'
Daniel Agdag en su estudio ©2012 Daniel Agdag

El australiano Daniel Agdag coquetea con la arquitectura y la ingeniería en sus esculturas, que define como "dibujos hechos de cartón". Las pequeñas máquinas que imagina el artista son ejercicios de mecánica fantástica, los elegantes edificios de corte victoriano y art déco hacen olvidar al espectador la humildad del material del que están hechos.

Autor de animaciones y cortos dominados por los escenarios de cartón, comenzó hace ocho años a desarrollar las estructuras para satisfacer su curiosidad en torno a la función y al funcionamiento de las máquinas. Agdag no es inventor ni mecánico, pero siempre ha sentido la urgencia de seguir los laberintos de conexiones para descubrir el fin con el que culminan: "Bajo la superficie de la vida diaria hay una compleja organización de procesos y acciones que determinan un resultado. Quiero revelar con detalle el sistema que hace que la vida moderna sea tan cómodamente práctica".

Aunque sus circuitos imaginarios no funcionan en la realidad, el artista busca la coherencia de los elementos. "El proceso es similar a la pintura o al dibujo. Lo plasmo y después añado definición y detalles". Elabora cada componente con un bisturí y cartón utilizado para fabricar cajas. En un proceso que dura días, agrega las piezas por capas y el conjunto contribuye a que la estructura emerja.

"Una manera de preservar los sueños"

No hay planes previos, sólo una vaga idea. A veces lo que parecía un medio de transporte se convierte en la maquinaria de una fábrica;  otras, lo que iba a ser una grúa termina por recordar a un tendido eléctrico.

Habla de las obras como de seres vivos que reaccionan cuando les falta algoAgdag habla de las esculturas como de seres vivos, que reaccionan cuando les falta algo y se completan por sí mismas. Se refiere a sus obras como "una manera de preservar los sueños" y de entre su colección confiesa un especial cariño por The Wait (La espera), un extraño globo aerostático anclado por finos hilos de cartón a una base, como si el artilugio necesitara un muelle desde el que zarpar. "Mi mente corría a toda velocidad, (...) al principio no pensaba en la plataforma, sólo en el globo y en el instrumento meteorológico anclado al suelo por cables. Al final, la plataforma de lanzamiento se volvió elaborada por sí misma".