Sin vanidad ni falsas poses y con un trato exquisito nos atiende Ken Follett durante toda la entrevista, contestando hasta la última de las preguntas. Su último libro, por el que ha venido a Madrid, aborda la Segunda Guerra Mundial y también hay hueco para la Guerra Civil española. El título, acorde a nuestros tiempos: El invierno del mundo (Plaza&Janés).

¿Estamos a punto de vivir el segundo invierno del mundo?
No, pero la última gran recesión que tuvimos pasamos diez años de depresión mundial y vino la II Guerra Mundial. No obstante, hoy vivimos en un mundo diferente: los europeos creemos en la democracia y no en que los partidos extremistas vayan a resolver nuestros problemas.

¿Qué recuerda de los tiempos en que no tenía éxito?
Recuerdo pensar en por qué mis novelas no tenían éxito, que les faltaba. Creía que era yo el problema, jamás que me tuvieran manía o que las editoriales carecieran de criterio como piensan otros escritores. Sabía que si escribía un buen libro, lo lograría. Pero tardé mucho en descubrir cómo se escribe una buena obra.

Cuando la gente sabe la verdad ya no busca venganza ¿Y cuándo ocurrió eso?
Cuando al fin planifiqué lo que iba a escribir, cosa que sucedió con La isla de las tormentas. Y fue el primero que me permitió resolver mi problema estilístico, pues el mío era el de un periodista. Tuve que aprender una prosa distinta.

Si le hubieran dicho cuando no era conocido que llegaría a vender más de cien millones de ejemplares, ¿lo habría creído?
Sí, porque ése era mi objetivo. Pero hubiera preguntado ¿cuándo sucederá eso?

¿Por qué en esta última novela evita referencias directas a los campos de concentración?
Porque hay partes del Holocausto que todo el mundo conoce, como las historias de los judíos llevados a los campos o la muerte en cámaras de gas. Murieron once millones de personas y la mitad eran judíos pero la otra mitad eran comunistas, discapacitados y homosexuales. Es la parte menos conocida y es la que he querido reflejar más.

Nuestra Guerra Civil también tiene su espacio en la novela, ¿qué opina de lo que ha ocurrido con la Ley de Memoria Histórica?
Mandela dio en el clavo: "Antes de poder perdonar hemos de conocer la verdad". Cuando la gente sabe la verdad ya no busca venganza. Otra cosa son las represalias, no creo que hayan de ser castigados todos los que cometieron crímenes con Franco, pero sí que se sepa la verdad.

Y para relajarse, ¿es cierto que toca la guitarra?
Sí, porque además ahí no tengo que ser el mejor.

¿Algún paralelismo entre la época de su libro y la actualidad?
Sí, el desempleo en la década de 1930 llegó en Alemania al 40% y hoy las tasas, por ejemplo en España, son muy altas. Y el problema no es la pobreza sino la pérdida de identidad que genera, porque a través de nuestro trabajo también nos identificamos. La gente siente que no sirve.

¿Hacia dónde va Europa?
No sabría decir. Ahora es Alemania el más próspero, pero esto puede cambiar. A lo mejor dentro de 50 años todos trabajamos para los chinos.

A mi madre no le gustaban las escenas de sexo de mis libros, así que leía versiones sin esas escenas ¿Es cierto que una de sus reglas de oro, pese a ser millonario, es no invertir en Bolsa?
No es una regla de oro, pero en general no invierto. Gano mucho y me las arreglo para gastarlo todo.

¿Decepcionó a sus padres que fuera escritor?
Cuando tuve éxito se sintieron muy orgullosos. A mi madre no le gustaban las escenas de sexo de mis libros, así que leía versiones sin esas escenas.

Pero hasta que tuvo éxito, ¿lo apoyaron?
No sé qué opinión tenían al respecto. Supongo que les preocupaba mi estilo de vida. Mi padre, inspector de Hacienda, trabajó desde los 16 años en el mismo lugar.

¿Cuál sería la primera piedra que pondría para salir de la crisis?
Ni idea, y creo que nadie sabe lo que hay que hacer. El problema es ése, que  ni Merkel  ni nadie lo sabe.

¿Qué le parecen las reacciones  y manifestaciones de España?
Entiendo las protestas. No participo en estas marchas porque no veo en qué modo manifestarse va a cambiar las cosas. La gente pensará que digo esto porque soy millonario, así que tal vez mejor sea que no diga nada.

Sus padres no le dejaban ver la tele ni oír la radio ni ir al cine, ¿cómo lo vivía?
Estaba muy enfadado. Todos mis amigos iban al cine y yo no, pensaba que era injusto y horrible.

Pero usted a sus hijos sí los dejará, a lo mejor hasta son teleadictos...
Claro que los he dejado. Y a mis nietos les dejamos ver la tele. Creo que la televisión es fantástica para los niños porque amplía sus horizontes, pero hay que dárselo en dosis, ésa es la clave.

BIO: Nacido en 1949 en Cardiff (Gales), el escritor y licenciado en Filosofía, Ken Follett es hijo de una familia muy religiosa que no le dejaba ver la tele, ir la cine o escuchar la radio. Antes de dedicarse a la literatura por completo, trabajó como periodista y editor. Además, toca la guitarra en un grupo. Está casado desde 1984 con la política Barbara Proer.

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