Guillermo de Luxemburgo y Stéphanie de Lannoy
Guillermo de Luxemburgo y Stéphanie de Lannoy. GTres

Luxemburgo sale esta semana de su discreta existencia. El próximo sábado se celebra la boda de su príncipe heredero, Guillermo. Se trata de una boda que hace historia, ya que Guillermo es el último príncipe heredero de Europa que abandona la soltería. Su futura esposa, además, también se sale de la tendencia: no es plebeya –como la mayoría de las futuras reinas europeas–, sino de sangre aristocrática. O sea, una boda de rancio abolengo.

Paradigma del clasicismo

Con la piel pura como el mármol, su pelo rubio y sus ojos azules, la novia, la condesa belga Stéphanie de Lannoy, parece haber salido de algún cuadro ancestral de un viejo castillo. Es clásica por los cuatro costados, y no solo en cuanto a su físico: estudió Filología Germánica en una universidad católica, es una apasionada de la música clásica –toca el piano y el violín– y de la literatura clásica, cuyos grandes títulos ha leído en su lengua original. Y, como no podía ser menos, cree en los príncipes azules. "No solo creo en el príncipe azul, sino que además lo he encontrado –afirmaba recientemente en una entrevista previa a su enlace–. El día que lo conocí le dije a una amiga que había encontrado a un hombre excepcional con el que tenía muchísimas cosas en común. Realmente no creía que un hombre así pudiera existir".

No solo creo en el príncipe azul, sino que lo he encontrado La condesa y el príncipe se conocieron hace casi ocho años en Alemania por medio de amigos comunes. Después coincidieron durante unas vacaciones, perdieron el contacto durante varios años y hace tres años, y por casualidad, de nuevo en Alemania, se volvieron a encontrar. "Ese fue el momento en el que realmente comenzó nuestra historia de amor", confesaba ella.

Dos anillos en su dedo

Stéphanie luce dos anillos en su dedo: uno es el de prometida, y, el otro, el anillo de boda de su madre, que falleció recientemente, el pasado 31 de agosto. Lo llevará puesto durante su propio enlace, en la que quiere tener a su madre muy presente.

Con la boda civil, que tendrá lugar el viernes, renunciará a su nacionalidad para adquirir la de su esposo, tal y como hicieron Mary de Dinamarca (era australiana) y Máxima de Holanda (argentina). Los fastos arrancarán ese mismo día y los novios recibirán a luxemburgueses que nacieron el mismo día que ellos.