'Vue prise à travers un balcon'
'Vista desde el enrejado del balcón' (1880), una de las obras del francés Gustave Caillebotte - © Van Gogh Museum, Amsterdam

Creó más de 500 cuadros, pasteles y dibujos de la vida parisina en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la prosperidad económica y los avances técnicos se traducían en el esplendor del impresionismo. A menudo se conoce más a Gustave Caillebotte (1848-1894) por ser mecenas y coleccionista de arte: era de clase alta, tenía buen gusto y mucho tiempo libre. Pero además de apoyar a autores como Degas, Renoir, Manet y Monet; también supo invertir tiempo en su talento.

Gustave Caillebote. Ein Impressionist und die Fotografie (Un impresionista y la fotografía), que se inaugura el 18 de octubre en el Schirn Kunsthalle de Frankfurt (Alemania), es una retrospectiva exhaustiva del pintor impresionista francés. La muestra, además de dar a conocer la poco conocida producción del autor, se centra en resaltar el lenguaje fotográfico en sus composiciones pictóricas.

No es casual que el punto de vista de las obras de que Gustave tendiera al lenguaje fotográfico. Su inseparable hermano Martial (1853-1910) —además de pianista y compositor— era fotógrafo. Valiéndose de aquel medio todavía incipiente retrataba los paseos urbanos, los picnics en las afueras de París, las escenas cotidianas del ámbito familiar... Uno complementaba el arte del otro en una simbiosis que duró hasta la muerte de Gustave.

Un camino que se apartaba de la pintura

Además de las 50 obras que se reúnen del artista, la muestra resalta con 150 instantáneas su visión única, dinámica y radical como inspiración para los fotógrafos que a finales del siglo XIX y principios del XX comenzaron a desarrollar un lenguaje propio con la cámara. Con piezas de autores como Eugène Atget, Herbert List y Làszló Moholy-Nagy, los organizadores descubren que la perspectiva del mayor de los Caillebotte inició un camino que se apartaba de la pintura.

Anticipó el movimiento y la abstracción de la fotografía El dinamismo de un grupo de trabajadores rascando un parqué o la visión de la calle a través de un enrejado en primerísimo plano son pruebas de la imaginación del artista. Los ángulos poco frecuentes y las escenas recortadas en un detalle abundan en la producción del pintor, que se anticipó también al movimiento y la capacidad de abstracción de la fotografía.