'Holy Motors', magistral homenaje al mundo de los actores y al cine

  • El francés Leos Carax sorprende con una obra libre y personal.
  • La interpretación de Denis Lavant es prodigiosa.
  • En las salas españolas se estrenará en noviembre.
Eva mendes y Denis Lavant en 'Holy Motors'.
Eva mendes y Denis Lavant en 'Holy Motors'.
Avalon

Dos grandes noticias en el Festival de Sitges. Una, el tiempo, el sol acompaña con unas temperaturas que se agradecen e invitan a ir al cine en cualquiera de sus sesiones, matinales, de tarde o nocturnas. Y al grano, la otra, cinematográfica; se ha proyectado una de las películas del certamen, y del año: Holy Motors, del francés Leos Carax.

¿Obra maestra? Un concepto demasiado utilizado y desgastado hoy en día. Sin embargo, si Holy Motors no lo es se le asemeja mucho. Nos habla de aspectos propios de la condición humana, del arte, de la vida, y lo hace de manera nueva y original. No sabe cómo se agradece la libertad creativa de la que hace gala un cineasta como Leos Carax.

Una maravillosa reflexión sobre la condición del actor y su permeabilidad en meterse en la piel de personajes totalmente opuestos, rompiendo las barreras entre lo que es real e irreal, donde acaba realmente el individuo y empieza el rol que está interpretando.

Es a la vez una carta de amor al cine. Sus primeras imágenes nos muestran una breve escena de unos fotogramas de la época de los pioneros, en blanco y negro, muda, y sólo con un actor desnudo y sin decorados. No hace falta más en la magia del cine -del arte-, para cautivar al público. Un artista y un medio. Luego, un plano de los espectadores en una sala de cine.

El actor, bailarín y transformista francés Denis Lavant, de 51 años, es el Sr. Oscar, un tipo que es transportado por diversos lugares de París mediante una lujosa limusina blanca. En cada parada debe interpretar a un personaje distinto, interactuar con otros. Un traficante de armas, padre de familia, asesino a sueldo, perfomance en un largometraje de animación. Del llanto a la risa, del terror al amor y siempre, procurando sorprender, mantener viva la capacidad para tener al espectador pegado a la butaca.

Pero limitarse a decir que Holy Motors es esto resulta a la vez simple. Está abierta a múltiples lecturas y segundos visionados. La belleza del acto artístico, de la mirada del espectador, la necesidad de todo artista y obra de tener un público, por reducido que sea, o un velado homenaje a los grandes actores anónimos.

Escenas antológicas

En segundo plano, contiene breves guiños a los signos de los tiempos modernos, con Internet y las webs proliferando, o a las cámaras de rodaje, cada vez más pequeñas hasta hacerse ya invisbles para los actores.

Trufada de momentos antológicos, hay una impresionante escena de sexo, con los amantes embutidos en trajes de látex -la intérprete femenina es una contorsionista llamada Zlata—; el reencuentro con un antiguo amor del pasado —la cantante Kilye Minogue, asombrosamente excelente-, una reinterpretación sorprendente del mito de la bella y la bestia —con Eva Mendes como la bella—, la recuperación del personaje del Sr. Mierda que vive en las cloacas que ya interpretó Lavant en el film de episodios, inédito aquí, Tokio!; o su inesperada escena final. Pero Holy Motors se alza inabarcable.

Se presentó en la pasada edición de Cannes. Allí, inexplicablemente, no obtuvo ningún premio. Ninguneada cuando junto con Amour, de Michael Haneke, la ganadora de la Palma de Oro, fue uno de los largometrajes más comentados y valorados.

Y una buena noticia más: tiene distribución en España. No es película de multisalas, sí imprescindible para cinéfilos, no esperen un estreno masivo. Su llegada está prevista para el 16 de noviembre.

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