La huella de carbono del Tostón de Arévalo es moderada-baja, según el trabajo de fin de máster del ingeniero agrónomo Juan Ignacio Canelo, en el que se destaca que los factores que más incrementan este factor en las explotaciones ganaderas están relacionados con la producción de piensos, con los transportes y movimiento de maquinarias o la inadecuada gestión de purines.

Según el trabajo, las granjas acogidas a la marca del tostón "alimentan a las crías exclusivamente con leche materna, siguen sistemas tradicionales de producción, alimentan a las cerdas básicamente con productos naturales, en ellas se realizan muchas faenas de forma manual y las distancias para el movimiento de piensos y desplazamientos del personal son cortas, lo que permite producir con bajo impacto medioambiental, se destaca en el trabajo".

Para Canelo, la huella de carbono "debería formar parte de la etiqueta en los productos, para ayudar al consumidor a tomar decisiones que determinasen la elección de compra".

La suma de muchas instalaciones modestas de cría de ganado "llega a suponer una enorme cifra de emisiones, por tanto es necesario afrontar el tema desde las administraciones públicas, las organizaciones de ganaderos, desde la investigación universitaria y desde las empresas, con la intención de estar todos unidos contra el cambio climático".

El trabajo supone una aportación del conocimiento adquirido en el marco educativo de la Universidad Católica de Ávila, con el apoyo de Asaja y la empresa G.A. Ingenieros, S.L, de la que es administrador el autor.

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